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EL BLOC J.M. ESPARZA

Dos batallas sin nada que ver

Todo lo que no signifique por parte de los jugadores o de la grada sumar esfuerzos en pro de los tres puntos se volverá contra los intereses de Osasuna

Actualizada Domingo, 4 de mayo de 2008 - 04:00 h.

U N partido de los que gustan, con mucho en juego para los dos equipos, con una resonancia mediática sin precedentes, con un rival de campanillas, buena temperatura, ambiente de gala, llenazo, televisión en directo, animación en la grada, tensión irresistible... En fin, sólo falta la victoria para una cita redonda, inolvidable.

Al Real Madrid le llega su segunda oportunidad para proclamarse campeón de Liga de forma matemática. Ya sólo por esto, por ver a los rojillos tratando de amargar la fiesta a los blancos, merecía la pena pasar por taquilla para vibrar en el Reyno de Navarra. Si no gana el Villarreal, lo del pasillo y la celebración también guardan buenas dosis de morbo. Sea de una forma o de otra, desde el punto de vista del rival, la cita no tiene desperdicio.

Y mucho más importante resulta el encuentro pensando en Osasuna, para quien podría calificarse como "la madre de todos los partidos". Al cuadro rojillo le va la vida en él. Ganar significaría un paso de gigante para la permanencia, mientras que perder, y más a la luz de según de terceros resultados, condenaría a tutear al descenso en un final de Liga mucho más agónico de lo que viene siendo hasta la fecha.

Además, y por si fuera poco todo lo que hay en juego, la visita del Real Madrid llega en un momento de sensibilidad especialmente delicada en cuanto a los arbitrajes. La frase de César Cruchaga "Ni los de blanco ni los de negro van a poder con los rojos", redonda donde las haya, expresa a la perfección el sentimiento que subyace ante tan transcendental partido. Sin embargo no hay que confundir ambos frentes.

Una cosa es la relevancia de estos tres puntos en juego, y otra muy diferente el injusto castigo que Osasuna recibe del estamento arbitral. Lo que esta noche importa es única y exclusivamente lo primero. Lo segundo corresponde a Medina Cantalejo, quien también tratará de hacerlo bien, por la cuenta que le trae. Intentar llevar la protesta por otro cauce ajeno al deportivo sólo contribuirá a desquiciar el partido, algo que se volvería en contra de los intereses rojillos.

Lo que realmente importa es la referencia deportiva del encuentro, su resolución en puntos. Ahí es donde nadie regatear esfuerzos, ni los jugadores ni la grada. Los primeros jugando con la cabeza fría y apretando los puños de principio a fin, desarbolando los planes de Bernd Schuster que les espera y quiere con una salida en tromba. Los segundos, con el corazón bien caliente, pero sin caer en las provocaciones, vengan de donde vengan, que desgraciadamente las puede haber hasta en forma de consignas políticas que deseen aprovechar la difusión mediática del escenario. Todo lo que no sea bregar a favor de Osasuna significará hacerlo en su contra.

Este Osasuna-Real Madrid llega colmado de ingredientes para resultar una gran fiesta del osasunismo. Conseguirlo exige sumar todos en la batalla de los tres puntos.


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