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Los hermanos Domínguez marcan una treintena de añojos en Funes

La fiesta campera concluyó con una comida en la que se reunió toda una saga de ganaderos

Actualizada Domingo, 4 de mayo de 2008 - 04:00 h.
  • KOLDO LARREA . FUNES

Aprovechando el buen tiempo reinante el pasado fin de semana, los hermanos Domínguez, Enrique y Ángel, herraron una treintena de añojos, entre machos y hembras, en la finca Ontinal que poseen en Funes. Ante la presencia de numerosos aficionados y amigos, las labores de herraje transcurrieron con normalidad y a buen ritmo.

Uno tras otro, fueron marcados a fuego los treinta becerros, todos con el hierro de Hermanos Domínguez; es decir, todos descendientes del histórico Pichón, un toro procedente en remoto origen de Graciliano Pérez Tabernero -hierro santacolomeño-, que compraron en 2001 y que se ha convertido en el padre de la ganadería.

Enrique y Ángel mantienen este hierro ganadero desde 1983, año en que lo cedió su padre, José Domínguez, a cuatro de sus hijos. En 1996, Enrique transmitió los derechos ganaderos a su hijo, del mismo nombre, y este otro Enrique, Domínguez Cirauqui, continuó con la ganadería junto con su tío Ángel, quien hace cinco años incorporó a su hijo Adrián, Domínguez Martínez. El ganado de este hierro, unas 350 cabezas, entre las que destacan los cinco sementales, pasta en las fincas Ontinal, Soto de Tabaca y Amatria, todas ellas ubicadas en terrenos privilegiados de Funes, a orillas del río Aragón.

Plaza de tientas

Tras el herradero, la jornada campera se completó con un tentadero en la nueva plaza de tientas, que será inaugurada pronto de manera oficial. Se trata de un coso de 35 metros de diámetro, con magníficos corrales, buenos burladeros e incluso con una tribuna cubiertapara poder presenciar las tientas con comodidad y al margen de las condiciones climáticas.

El encargado de tentar fue Francisco Marco, que, muleta en mano, disfrutó ante dos eralas de distinta condición. Sobre todo con la primera, el torero estellés ofreció a los asistentes una completa lección de gusto y temple, larga y variada en suertes. La fiesta campera de Hermanos Domínguez concluyó con una comida de hermandad en Funes para doscientas personas, que sirvió, entre otras cosas, para reunir a toda una saga de ganaderos.

De hecho, compartieron mesa cinco de los veteranos criadores de bravo Domínguez Guendulain, hijos todos ellos de José Domínguez Martínez, el primer ganadero de la dinastía.


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