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Josef Fritzl preparó el "calabozo" un año antes de secuestrar a su hija

La policía austríaca trata de saber "cómo vivían los habitantes del sótano, de lo que disponían y de lo que no disponían"

Actualizada Sábado, 3 de mayo de 2008 - 20:38 h.
  • AGENCIAS. Viena (Austria)

Josef Fritzl, de 73 años, planeó y construyó el "calabozo" del sótano de su casa en la localidad austríaca de Amstetten antes de encerrar allí a su hija Elisabeth durante casi un cuarto de siglo, según deducen los expertos, que hoy continuaron sus pesquisas en el lugar de los hechos. "Hizo los planes con antelación. En 1983 ya estaba construido" el calabozo, explicó Franz Polzer, jefe de la Oficina contra el Delito de Baja Austria.

De acuerdo con las declaraciones de Elisabeth Fritzl, de 42 años, fue en 1984 cuando su padre la atrajo hasta el sótano, la golpeó y la maniató, manteniéndola encerrada los 24 años siguientes, en los que la violó sistemáticamente y la dejó embarazada de siete hijos.

Según el agente, Fritzl -un técnico electricista hoy jubilado y en prisión preventiva tras ser detenido el pasado domingo- pidió en su momento la autorización pertinente para reformar el edificio donde tiene su domicilio en Amstetten.

"Los planos que presentó fueron aprobados, pero no incluían las habitaciones que ahora hemos descubierto. Sin embargo, ya estaban construidas en 1983. Fue muy hábil", dijo Polzer en sus declaraciones telefónicas.

La tesis policial es que, tras obtener la autorización para llevar a cabo la reforma, construyó más de lo permitido, pero tapó luego lo que no estaba en los planos, por lo que en la habitual inspección realizada posteriormente no se descubrió nada.

"Imagínese la pared de un sótano y le dicen que ahí se termina. Pero detrás de la pared había más", señaló Polzer.

"Es muy complicado de explicar, pero el lunes informaremos a la prensa y presentaremos un plano para que todo se entienda mejor", anunció.

Polzer indicó que unos 30 agentes participaron hoy en las pesquisas que se llevan a cabo en el zulo subterráneo y en otras investigaciones, que proseguirán el domingo, aunque con menos personal.

Según la fuente, "lo más importante para nosotros ahora es esclarecer con detalle cómo se construyó este calabozo y analizar todo lo que encontramos en él para averiguar cómo vivían sus habitantes, de lo que disponían y de lo que no disponían".

"Necesitamos a toda costa saber cómo funcionaba el gas, la electricidad. Cómo fueron tratados, si fueron torturados", insistió.

A medida que avanzan en sus pesquisas, los agentes tienen una impresión "mucho peor" de cómo fue el suplicio de Elisabeth y sus hijos en el zulo subterráneo de 60 metros cuadrados y 1,70 metros de altura, sin ventanas y con un pequeño ventilador.

"Han sobrevivido, pero están todos enfermos. Nunca fueron vistos por un médico. Todos tienen problemas con la dentadura", dijo Polzer.

La renovación del aire en ese lugar es mínima y, de hecho, los expertos que efectúan las investigaciones necesitan hacer pausas para salir a tomar el aire.

Mientras, prosiguen los interrogatorios a vecinos, familiares e inquilinos del edificio de la casa de los Fritzl.

Elisabeth tuvo a sus siete hijos en el zulo subterráneo y todo apunta a que los pequeños presenciaron las violaciones de su madre por parte de su padre-abuelo, así como los partos.

A tres de los pequeños los depositó Josef cuando tenían pocos meses de edad delante de su casa, junto a una carta de la madre, para simular que ella, supuestamente en una secta desconocida, los abandonó para que los abuelos se hicieran cargo de los niños.

Los otros tres vivieron hasta hace pocos días encerrados bajo tierra con su madre, mientras que un séptimo bebé murió al poco de nacer y su cuerpo fue incinerado por su padre-abuelo en una caldera de calefacción.

Se trata del peor caso de encierro y abuso conocido en Austria y, desde que salió a la luz hace una semana, son muchas las preguntas sin respuesta que mantienen consternada a la población.

Entre ellas, el hecho de que las autoridades permitieran la adopción de tres hijos de Elisabeth por los abuelos, sin que las circunstancias insólitas de su aparición delante de la casa despertaran sospechas.

Más aún teniendo en cuenta que Josef Fritzl ya había estado en la cárcel 18 meses por violar a una mujer en 1967 y contaba con otros antecedentes de agresiones sexuales que, aunque habían prescrito, eran del conocimiento de muchas personas en Amstetten, una localidad de 23.000 habitantes situada a 130 kilómetros al oeste de Viena.


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