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TOROS/MADRID BARQUERITO

Imponentes valdefresnos

Actualizada Sábado, 3 de mayo de 2008 - 04:00 h.

C ORRIDA de Valdefresno de imponente trapío. Cuarto y sexto, de cuajo despampanante. Muy ofensiva la corrida. Pero a los tres primeros, bajos de agujas, se les veía por delante la penca del rabo. Frondosos balcones, soberbias testas, temibles perchas, badanudas pecheras.

El primer toro de ese desfile resultó bueno: lustroso, algo acarnerado y muy astifino. Con sus lunares, el toro de más bondad y mejor son de todos. Soberbios sus últimos viajes por la mano izquierda, en paralelo a las tablas, pero cuando ya Uceda Leal parecía dar por terminada la función. La faena de Uceda, pausada, calmada, segura sin excesos y asentada, no del todo convencida, fue bastante celebrada. . Con el ambiente a favor, Uceda atacó con la espada en la suerte contraria y pinchó. Media arriba acabó haciendo rodar al toro.

Ni el segundo ni el tercero, de proporciones parecidas, le llegaron a ese primero ni a las tabas. Brusco y andarín el segundo, que saltó al callejón y estuvo a punto de hacerlo dos veces. Toro poco gobernado o sin someter. Incómodo El Cid cuando vio al toro venirse al paso. El tercero, trotón, las manos por delante, malherido en dos puyazos muy desiguales, salió claudicante de una segunda vara muy delantera. Fue devuelto en banderillas. Saltó un sobrero de Alcurrucén, berrendo en colorado, calcetero, astigordo, cuellicorto y fondón, de raro remate y mucho menos trapío que los lisardos de Valdefresno. No se acopló Castella. Faena mal pensada o no pensada. Como si el empeño fuera el de someter al toro, y no se trataba de eso. Protestó el toro cuando Castella quiso obligarlo.

Acodado pero amplísimo de cuna y arremangado, el cuarto fue tremendo. Se rompió mucho en el caballo, apretó en serio en la segunda vara. Fue toro codicioso, pero quebrado por el castigo. No se entendió con él Uceda. Un pinchazo, una estocada de alto riesgo, un descabello.No era la corrida de El Cid. Trotón y abanto, inmensamente grande, acucharado pero con tenazas formidables, el sexto manseó en el caballo pero se vino en banderillas con sorprendente ligereza y. Emotiva la entrega de Castella, todo corazón, un poquito a la desesperada, impaciente, ofuscada, destemplada. Faena donde quiso y dispuso el toro, que se le iba unas veces y se le pasaba, siempre, muy cerca. Se asustó la gente. Tras un pinchazo, cayó Castella a merced del toro, que saltó por encima de él.


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