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JESÚS MARI BEA SERRANO PINTOR

"La enseñanza me obliga a innovar y por ello no me tienta irme fuera"

"El ordenador supondrá una auténtica revolución en el mundo de la plástica, que cambiará conceptos como el de cuadro"

Actualizada Jueves, 1 de mayo de 2008 - 04:00 h.
  • R. ARAMENDÍA . SESMA

Con un perfil alejado de la bohemia, parecía improbable que Jesús María Bea Serrano fuese una de esas personas pudiese apostar por vivir de la pintura. Pero lo ha hecho, viviendo con los pies en la tierra y gracias a una petición providencial del Politécnico de Estella que le llamó para dar clases de pintura entre los años 1983 y 1986, lo que inició una carrera en la enseñanza pictórica que ha mantenido en Almudí de Estella desde hace 22 años.

De esta manera se ha dedicado a su pasión, la pintura, sin el agobio de tener que estar pendiente de vender, algo que desearían muchos artistas

Su vocación se despertó hacia los 12 años cuando en el internado de Logroño el artista riojano Vicente Gallego impartió un curso de pintura. Sin embargo, estudió magisterio, una profesión que no ha ejercido fuera de la plástica, donde el contacto con alumnos le ha obligado a innovar. Pese a que no es amigo de salir al extranjero, le gusta recorrer pueblos de España, lo que ha hecho en los últimos cinco veranos pintando al aire libre. Bea huye de las grandes ciudades y ha vivido entre dos pueblos, Sesma, el suyo, y Allo, el de su mujer, Isabel Munárriz Marturet, con quien tiene dos hijos, Erik, de 11 años y Ruth, de 9, que empiezan a coquetear con los lienzos.

¿Hubiera apostado porque la pintura iba a ser su profesión?

Desde que terminé de estudiar sabía que la pintura iba a ser mi afición. Hice alguna oposición, e incluso pensé entrar en el negocio familiar y dedicar el ocio a los pinceles, pero inesperadamente surgió el tema de las clases , que me ha permitido vivir de ello. Hay quien me ha dicho, "no hay mejor suerte que trabajar en lo que te gusta" y tiene razón.

Pero quizá la pintura no sea tan divertida si se convierte en un trabajo.

En mi caso ha sido también un estímulo, porque dar clases te obliga a innovar, investigar nuevas técnicas para transmitirlas a los alumnos y hacer que la enseñanza no sea monótona. También eso me ha alejado de la tentación de salir fuera en busca de nuevas experiencias.

Por lo tanto, no echa de menos la ciudad.

Es más, no me gustan las ciudades. Para mí el ideal es un pueblo de entre quinientos y mil habitantes. Incluso una ciudad del tamaño de Estella empieza a ser muy grande para mí. He vivido entre Sesma y Allo, en dos pueblos. Quizá tengan la desventaja de que la cercanía muchas veces crea más tensión vecinal, pero también se vive con más tranquilidad y en un momento te plantas en el campo.

Pero vivir en un pueblo dificulta vender después la obra.

Desde luego, pero creo que en realidad el arte no se vende ni aquí ni en ningún sitio. De hecho, a mí siempre me ha parecido que cobrar por una obra artística es hasta un contrasentido. Por eso nunca me he esforzado demasiado en la vertiente comercial, siempre he regalado obras para cuantas causas me han pedido, aunque por supuesto, sí que he vendido bastantes cuadros. Pero tampoco he sido de precios desorbitados.

Quizá sea porque usted no lo ha necesitado, pero para alguien que viva exclusivamente de esto es una necesidad vital.

La verdad es que ser artista plástico al 100% siempre me ha parecido una locura, casi un suicidio. Seguramente es porque soy una persona más práctica.

¿Le parece que no merece la pena comprar arte?

Depende del comprador, pero creo que en general los precios de las obras de arte han estado muy sobrevalorados y además hay poca gente con criterio que sepa lo que es bueno y lo que no. No se deben comprar obras de arte aconsejados por supuestos expertos que determinan qué es lo valioso. Lo único importante es que al comprador le guste la obra.

¿También son accesorias las exposiciones?

Nunca me he preocupado por exponer, aunque al final he hecho muchas muestras. Siempre he percibido falta de apoyo de las instituciones, desde el Gobierno de Navarra hasta el Museo Gustavo de Maeztu o entidades financieras que programan exposiciones. Pese a todo he expuesto mucho, incluso en el extranjero, casi siempre en grupos independientes, como la muestra que tengo ahora en San Juan de Luz.

Bea ha pasado desde el expresionismo abstracto a la abstracción para volver a la figuración con nuevas técnicas. ¿Cuál es el próximo camino?

Mis investigaciones se centran ahora en el mundo digital. El ordenador va a suponer una verdadera revolución en la plástica, que va a cambiar muchos conceptos, incluso el de cuadro como lo conocemos ahora. Quizá en un futuro sean pantallas digitales con imágenes tratadas por ordenador que se pueden ir cambiando, algo que no se puede hacer con un cuadro convencional. También tengo ganas de hacer cosas nuevas, como escribir cuentos e ilustrarlos.

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