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BALLET FERNANDO PÉREZ OLLO

Un oratorio bailado

Actualizada Jueves, 1 de mayo de 2008 - 04:00 h.

L a Creación" es un oratorio de Franz Joseph Haydn, acaso el más famoso del genio austrohúngaro, lo cual le colmaría de gozo: en la historia de la música hay unanimidad en considerar esta obra para solistas, coro y orquesta como la primera pensada para entibar la nombradía postrera del autor, más allá de quienes la aplaudieron recién escrita. Data de 1798, fecha del estreno privado, que prendió la curiosidad general.

La presentación pública, en el Burgtheater vienés, se vivió el 19 de marzo de 1799. El cargo en taquilla rompió todas las recaudaciones conocidas. La partitura, publicada el año siguiente, consta de treinta y cuatro números, escrupulosamente respetados en este montaje.

Los solistas vocales de "La Creación" son tres ángeles, Uriel, Gabriel y Rafael, más Adán y Eva. Uwe Scholz, director y coreógrafo principal del Ballet de Leipzig desde 1991, se atiene estrictamente al hilo y plantilla del oratorio, de modo que cada solo corresponde a un solo bailarín, los dúos, angélicos o humanos, son pas à deux, los tercetos los encarnan tres figuras y el cuerpo de baile representa al coro y los recitativos se traducen con frecuencia en figuras estáticas y en escorzo. Ahí acaban las correspondencias, porque el movimiento, el ritmo y la coreografía no miman la línea melódica se despegan del texto, no servido a los espectadores. La danza fue danza y dio cuerpo al oratorio sin someterse a la literalidad del libreto. Ése es su primer mérito. Pero habría sido oportuno insertar en el programa la relación de los números, siquiera fuera para advertir la evolución del Caos inicial al allegro final, "Singt dem Herren, alle Stimmen!" y aun para entender ese Caos, resuelto de modo original, con las diablas en el suelo del escenario, como oscura maraña que poco a poco se retira ante la aparición del orden, la luz, el cosmos y la humanidad.

El Ballet de Leipzig practica una danza de base clásica, espléndida en la técnica individual de los solistas -Giovanni di Palma, Maiko Oishi y Tatjana Paunovic, en términos destacados-, rigurosa en la disciplina del conjunto -buenos, por ejemplo, los juegos de líneas en las fugas, sobre todo en la doble fuga del último número- y cuidada en la plástica, ayudada por un vestuario luminoso, que no blanco.Para el recuerdo queda, verbigratia, la bailarina que, en puntas y hacia atrás, cruzó el escenario con precisión sedosa y hierática. Cabría desear quizá más audacia en pasos y mayor vivacidad. Pero eso exige otra grabación, menos lenta y más actual -más rigurosa con la verdad histórica- en los tempi.

Haydn no sospechó que se bailase, y con tal calidad, esta obra.


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