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Tras 18 años en primera línea política, Zaplana da el salto a empresa privada

El valenciano anunció hoy su abandono definitivo de la política para marcharse a Telefónica

Actualizada Martes, 29 de abril de 2008 - 18:38 h.
  • AGENCIAS. Madrid

Después de 18 años en la primera línea política y de haber despertado tantas pasiones como odios, Eduardo Zaplana ha decidido dar el salto a la empresa privada en un momento de renovación del PP y, según dice, con la satisfacción del "deber cumplido" y de no haber cosechado "ningún fracaso relevante".

Comenzó su ascendente carrera política hace ya 18 años cuando en 1990 José María Aznar le encargó reorganizar el PP valenciano y, un año después, fue elegido diputado en las Cortes Valencianas y concejal en el Ayuntamiento de Benidorm, aunque meses después -gracias al voto de la concejala tránsfuga socialista María Sánchez Trujillo- accedió a la alcaldía de esa ciudad alicantina.

Así comenzó su trayectoria en el Partido Popular -desde 1977 era militante de UCD-, una carrera que hoy abandona para dar el salto a la empresa privada como delegado de Telefónica en Europa.

Amigo de sus amigos, leal y protector de los suyos, según sus colaboradores y amigos, y fiel a sí mismo y al PP, según afirma él, Eduardo Zaplana Hernández-Soro, abogado, nació en Cartagena (Murcia) el 3 de abril de 1956.

Empezó como concejal y continuó siendo alcalde, presidente de la Generalitat Valenciana, ministro de Trabajo, portavoz del Gobierno y hasta hace un mes portavoz del PP en el Congreso, cargo que dejó para pasar a ser, como él mismo dijo, un diputado "de a pie".

En tres años como alcalde de Benidorm hizo frente a doce querellas, todas archivadas. En abril de 1990 su nombre aparecía en las cintas del "caso Naseiro" referido a la presunta financiación ilegal del PP, que finalmente el Supremo zanjó con la absolución de los implicados.

Tras ser elegido en 1993 presidente del PP en la Comunidad Valenciana, en noviembre de 1994 dimitió como alcalde para preparar su candidatura a la Presidencia de la Generalitat, puesto al que accede tras ganar las elecciones de 1995 y que revalida cuatro años después con mayoría absoluta.

De todos sus cometidos, siempre expresa su satisfacción "por darle la vuelta políticamente hablando a la Comunidad Valenciana".

"Tengo la sensación del deber cumplido, de haber dado todo lo que estaba en mi mano, de haber realizado todos los esfuerzos que he podido, de tener la satisfacción de no cosechar ningún fracaso, al menos ningún fracaso relevante", ha dicho hoy sobre su vida política al acudir al Congreso para firmar su renuncia al escaño.

Político de raza, Zaplana da el salto a Madrid en julio de 2002 cuando es nombrado ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, cargo al que suma en 2003 el de Portavoz del Gobierno, meses en los que vive una etapa de desgaste político por la participación de España en la guerra de Irak y que le granjea su fama de pertenecer al "ala dura" del partido.

Tras encabezar la lista de Valencia en las elecciones generales de 2004, Mariano Rajoy le encarga, tras una derrota inesperada, ser el portavoz parlamentario del PP en el Congreso, una de las tareas "más ingratas" y "duras" que ha desempeñado en su carrera política, según ha reconocido siempre él mismo, una etapa en la que debe lidiar con temas tan delicados como Irak y el 11-M.

Tras asumir el cargo de portavoz parlamentario, anunció su renuncia a la Presidencia del PP en la Comunidad Valenciana y fue sustituido por Francisco Camps.

La intención de Zaplana de seguir manteniendo un determinado poder y el de Camps por impedírselo provocan un fuerte desencuentro entre ambos que llega hasta el día de hoy.

Zaplana, casado con Rosa Barceló con quien tiene dos hijas y un hijo, cuenta con grandes amigos en el PSOE, entre ellos Alfredo Pérez Rubalcaba y José Bono.

Despierta pasiones y odios, pero no deja indiferente a nadie. En privado, sus adversarios políticos reconocen que es un político 'de raza', valoran su capacidad de negociar y algunos le llaman "el 'Rubalcaba' del Partido Popular".

Siente debilidad por "su" tierra valenciana, donde acude cada vez que sus responsabilidades políticas se lo permiten, es divertido y ocurrente en las distancias cortas, le hubiera gustado ser futbolista y estuvo a punto de ser piloto del Ejército del Aire, pero tiró hacia la política, sin dejar de lado nunca el deporte.

Va prácticamente a diario al gimnasio y ello, junto a su perenne bronceado y a su vestuario, le han dado fama de coqueto, algo que él siempre desmiente.

Ahora deja su escaño en el Congreso para volcarse en la empresa privada, una decisión en la que le han precedido otros políticos como su amigo Jaume Matas, Rodrigo Rato o Josep Piqué.


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