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LA CONTRACRÓNICA

Hay que, había que, hubo que

Sancionó penalti y expulsión y, si conociera los deberes de un ser compasivo, habría hecho lo adecuado pitando el final.

Actualizada Lunes, 28 de abril de 2008 - 04:00 h.
  • TOÑO SANZ

D OMINGO de resurrección en el campo de Mestalla. Artífice de tan extemporáneo milagro: Ontanaya López, que sancionó penalti y expulsión pasado el minuto quince de la primera parte y que, si conociera los deberes de un ser compasivo, habría hecho lo adecuado pitando el final. Nadie habría dicho nada en contra, pues es deber humanitario enterrar a los muertos y una burla inhumana hacerles deambular por el camposanto hasta que se les caiga la carne de los huesos.

Ontanaya ajustició a Osasuna en la primera ocasión que tuvo y se negó a dar el acta de defunción hasta que se cumplió el minuto noventa. Que transcurriera el tiempo y el Valencia rematara la faena, para que todos pudieran decir que Osasuna murió de goles y no de una acción canalla (que, por cierto, rima con Ontanaya).

Ante el partido de Valencia, la consigna unánime en el entorno rojillo era que había que ganar. Después del partido, sigue siendo que hay que ganar. Hay que ganar al Madrid, al Mallorca, al Murcia y al Santander. Ojalá que no haya que entonar lo de que hubo que ganar al Almería, al Betis, al Recreativo y al Deportivo. La vida no sería tan lamentable sin los tiempos verbales del pasado, el futuro y el condicional. La vida no sería tan lamentable no porque dejara de serlo, sino porque no habría modo, verbal, de lamentarse revisitando lo inamovible con la vana idea de removerlo hacia un porvenir imposible. La repetición de la jugada sólo existe en l a moviola, que viene de movie, película, y no de móvil. La moviola repite los aciertos y los errores, pero no cambia lo ya ganado o lo ya perdido. El resultado es inamoviolable: inamovible e inviolable.

Sepa Osasuna que la cantidad de mala suerte que se puede admitir tiene un límite, aunque la cantidad de malos árbitros no tiene límite y que, al margen de factores extraordinarios, Osasuna y varios más están donde estamos los currelas, en la incertidumbre: imposible predecir quién está condenado y quién se salvará.


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