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TOROS SAN SEBASTIÁN BARQUERITO

El Juli y Fuente Ymbro, los dos

Actualizada Lunes, 28 de abril de 2008 - 04:00 h.

C oncurso bien librado. Serio. En liza sólo toros de encaste Tamarón-Domecq. Impecables. Se iba de caja y descollaba el de Jandilla. Corrida astifina, de hermosa armadura. Tres toros de buena nota. Uno de Zalduendo, primero, guapo de verdad, engatillado, codicioso, galopador, de mucha fijeza, buen asiento y despampanante calidad. De los de torearse con los ojos cerrados. Morante pintó a placer sus cosas, sus carteles: desplantes, toreo en paralelo, recargado, compuesto. Pero mató de bajonazo.

Otro de Jandilla, tercero de festejo, que sacaba los pies del tiesto. De pesado pero buen galope. Firme con él Eduardo Gallo en trabajo sin renuncios, valeroso.

Y uno de Fuente Ymbro, quinto. 500 kilos. Negro, vareado, fino de cañas, muy afilado. Agresivo el porte. El Juli, bendición para el toro que sea y toque, se encargó de que los premios cayeran en pleno sobre él. Toro más completo, mejor picado y mejor lidiado. Y el mejor banderilleado, porque Carretero arriesgó en dos pares soberbios. Y si El Juli le arrea a la primera y no a la segunda el sopapo inapelable con que lo tundió, se arrastra sin orejas. Ese toro que tuvo la fortuna de encontrarse en San Sebastián a El Juli. Con El Juli se vio, decidió y resolvió el concurso. Si llega a ser de El Juli el toro de Zalduendo, premio para Zalduendo. Etcétera.

La organización de la suerte de varas sirvió para calibrar cada toro casi como en un tentadero. Sólo un caballo de pica en liza, y sólo una raya de picadores; terrenos acotados frente a toriles y lejos del rastro; un ojo de cerradura en el platillo para que desde ahí se arrancara sin excusa el toro. Pegados los lidiadores a tablas en cuanto el toro estuvo en suerte. Condiciones cumplidas con escrúpulo. Tal vez la gente había ido a ver más a los toreros que el concurso. No se sabe. En todo caso, de la transparencia de varas disfrutó la mayoría.

Diego Ortiz picó con acierto y valor, y con estilo de gran caballista, al quinto. Con el estímulo de El Juli, que, a cargo de todo, lidió con un primor fuera de lo normal. Premiaron a Diego con ovaciones, que iban por él y por el toro. Y por El Juli y su precisión providencial.


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