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SOCIEDAD

Los prados de Sorogain

Sobre el mapa, la frontera es una línea recta. Sobre el terreno, un territorio irregular que sube y baja de las cimas de los montes al fondo de las regatas

Actualizada Domingo, 27 de abril de 2008 - 04:00 h.
  • TEXTO Y FOTOS JOSÉ A. PERALES

S orogain es un valle alargado y tapizado de hierba, donde pasta el ganado de los municipios fronterizos de Erro, Baigorr y Valcarlos. Este idílico lugar está atravesado por una regata de aguas claras que nace en el collado de Astakarri (a un kilómetro de la frontera internacional), y que desciende por el fondo del valle hasta el río Erro, cerca de Biskarret.

En este vallecito perteneciente al comunal de Erroibar llaman la atención sus praderas, con el típico verde esmeralda que adquieren en primavera, y también los montes y bosques que lo enmarcan.

El propio topónimo de Sorogain (del vasco soro "prado", y gain "alto") hace alusión al uso tradicional que ha tenido (pastizal), y también a su ubicación en la parte alta del Pirineo navarro. Desde el pueblo de Erro, situado a 715 metros y a 10 kilómetros de Sorogain, o desde Biscarret (a 800 metros de altitud y cinco kms. de distancia) no hay mucha diferencia, ya que el valle del que hablamos oscila entre los 800 y los 965 metros de altitud. En cambio desde Urepel (Francia), situado a 392 metros y 3 kilómetros, el desnivel es de unos 533 metros, y la distancia mucho menor. Ello explica, junto a otras razones, que los pastos de Sorogain hayan sido apetecidos especialmente por los ganaderos del valle de Baigorri (perteneciente a la Baja Navarra), quienes suelen utilizarlos como pastos de verano o de otoño previo pago de una tasa.

Hasta principios del siglo XX, este valle perteneciente a la vertiente mediterránea estaba incluido en los montes de Kintoa (Quinto Real). Sin embargo, en 1915, Erroibar redimió estos terrenos, que - a diferencia del Quinto septentrional, donde tienen derecho exclusivo los baigorrianos- son utilizados principalmente por los ganaderos erroibartarras, y secundariamente por otros valles del entorno, incluidos los ganaderos de Baigorri, los cuales tenían la costumbre -que no el derecho- de pastar en Sorogain y en el Quinto Sur previo pago de una tasa.

Si algo da fama hoy a Sorogain son precisamente sus praderas y las marcas de ganado que se celebran periódicamente en este vallecito solitario habitado principalmente -según las épocas del año- por vacas, ovejas y caballos.

Hoy, la antigua vivienda del guarda de Erro conocida hasta hace poco como casa del valle o casa Pablo, se ha convertido en un albergue, con bar restaurante, y está en marcha la ubicación en el mismo edificio de un punto de información turística. Este proyecto guarda relación con los nuevos usos que se registran desde hace tiempo en este idílico rincón situado a solo 40 kilómetros de Pamplona.

Línea de mugas

A la belleza de los prados y de la regata de Sorogain, se unen el bosque de Odía, declarado enclave natural, y los montes del entorno, reclamo de montañeros. Muchos suelen subir desde Sorogain al nudo de cordales de Mendiaundi (1.232 m), que flanquea el valle por el Este. También al Adi, que con 1.457 m. es el monte más alto de la zona. Desde este último, o desde su vecino Iturrumburu (1.312 m), se divisa una espléndida panorámica de la frontera francoespañola.

Vista sobre el mapa, la divisoria internacional es aquí una línea recta que va desde el castillo de Lindux hasta Isterbegi (mugas 153 a 141). Sin embargo, sobre el terreno los mugarris coinciden con un abrupto terreno que sube y baja, desde lo alto de los montes hasta el fondo de las regatas. Entre los parajes más singulares de este sector de la frontera se encuentran Isterbegi kaskoa (muga 141), el mirador de Otxapustegi (muga 146), y el barranco de Tranpako kaskoa ( mugas 142 a 144 ). Este último se encuentra en medio de aquellos montes, y semeja una enorme garganta, por cuyo fondo discurre una sutil regata, conocida con el nombre de Imiliztegi.

Todos los años, en el mes de septiembre, una comisión del valle de Erro hace un recorrido por los mugarris que jalonan esa frontera, para comprobar su localización y buen estado. "Algunas de estas mugas, como la 141, situada en Isterbegi kaskoa, están hechas de bloques de hormigón, ya que las anteriores de piedra, se estropearon, y hace 35 años hubo que reponerlas", dice el ex alcalde de Erroibar y ex celador de Medioambiente, Paco Almirantiarena.

Otras -más antiguas- son mojones enhiestos o losas de piedra tumbadas. Algunas, como la 147, tienen el número y una cruz grabadas en grandes rocas del entorno.

La variedad de mugarris y su difícil localización estimula hoy a algunas personas que, como el veterano montañero Txema Arenzana, han convertido su rastreo en un singular pasatiempo que permite conocer mejor el terreno y su historia. Fruto de las andanzas de Arenzana es un libro publicado por el ayuntamiento de Erro, en el que se proponen varios recorridos por las mugas de este municipio fronterizo. Curiosamente, la frontera más visible no es la que separa Francia de España, sino la propia muga de pastos que separa Quinto Real de Sorogain.

La doble frontera

Esta doble frontera resulta especialmente visible desde las faldas de Iturrumburu (1.312 m.) desde donde se divisa también el collado de Astakarri, por donde suben los ganaderos de Urepel a los prados de Kintoa y de Sorogain.

Desde aquí arriba, se comprende mejor la ecología, y la historia de esta divisoria internacional que tantas disputas causó en otros tiempos. Los ganaderos baigorrianos, sobre todo del valle de Alduides (Baja Navarra) están más cerca de los ricos prados norteños que sus vecinos de Erro y Baztán. Estos tienen la propiedad acreditada documentalmente. Son los típicos problemas entre vecinos que surgen de la indefinición de las fronteras premodernas, y que se agravan con la separación de las dos navarras en el siglo XVI. De los acuerdos posteriores, con la mediación del estado moderno, surge la paradoja de Kintoa, o más concretamente del Quinto Real Norte, que es un trozo de terreno español usufructuado en exclusiva por los ganaderos baigorrianos (franceses) previo pago de un canon.

Hoy, la demarcación precisa de los pastos, y las marcas de ganado de Urepel y Sorogain son formas de acotar los diferentes usos y de ritualizar su cumplimiento, como buenos vecinos que hace tiempo ya aprendieron a entenderse.


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