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GENERACIÓN N | JAVIER LORENTE BERRIO

"Los gitanos no tienen juventud, pasan de ser niños a ser padres"

Trabaja en la oficina juvenil de la fundación secretariado gitano y es saxofonista

Actualizada Domingo, 27 de abril de 2008 - 04:00 h.
  • TEXTO SANTIAGO ZUZA FOTOS EDUARDO BUXENS

D ECÍA el crítico George Steiner que los estereotipos son verdades cansadas. Tan cansadas que Javier Lorente Berrio (Pamplona, 17 de marzo de 1980) no cumple casi ninguno. A sus 28 años él mismo se ha encargado de romperlos y ahora pelea por hacer añicos los de los demás desde la Fundación Secretariado Gitano en la que trabaja con jóvenes de esa etnia.

En Navarra, que hoy celebra el día del pueblo gitano, se calcula que hay más de 6.000. Hijo de madre gitana y padre payo, Lorente se considera "medio gitano" y no, no toca la guitarra como se podría suponer tirando de tópico, sino el saxofón. A los 16 años, coincidiendo con la muerte de su padre por culpa de un cáncer, abandonó los estudios, se dio cuenta de su error y está a una sola asignatura de terminar 2º de Bachillerato. La música y el trabajo social, sus dos pasiones, alimentan el motor de Lorente, para quien el día siempre tiene más de 24 horas.

Dejar los estudios no es noticia, retomarlos, sí.

Lo dejé justo cuando murió mi padre, aunque no sé si eso tuvo algo que ver, al menos yo no lo relaciono. Lo que pasa es que con esas edad no piensas en el futuro. Reconozco que me equivoqué, pero me he dado cuenta de que la vida es muy larga y siempre hay tiempo. Veía a mis amigos que iban a la Universidad y tenía envidia sana. Al empezar a trabajar me di cuenta de que alrededor tuya hay gente muy cualificada y te ves un poco fuera de lugar. Entonces es cuando piensas que tienes que hacer algo.

Hijo de madre gitana y padre "payo".

Sí, me considero medio gitano. Mi padre era de Marcilla y mi madre, de La Aldea. Se conocieron en Marcilla y sé que se fueron a trabajar a Suiza, donde estuvieron ocho años. Mis hermanos no se aclimataron muy bien y decidieron volver justo antes de nacer yo.

¿Por qué entró en la Fundación Secretariado Gitano?

Me apunté como voluntario en 2004. Iba los sábados, juntaba a un grupo de chavales gitanos y pasábamos las tardes tocando la guitarra y los cajones.

Conocerá entonces bien los problemas del colectivo gitano.

Hasta que no entré en la Fundación no me di demasiada cuenta. Yo he vivido rodeado de payos. En la escuela mis amigos eran payos y sólo había un gitano que era primo mío. No había tenido una relación muy íntima con los gitanos.

Da la sensación de que a veces es un colectivo invisible.

Sí, pero porque son costumbres diferentes. No salen como nosotros. Hay actividades que nosotros vemos como algo normalizado y ellos no lo hacen porque tienen unas barreras que estamos intentando romper. Por ejemplo organizamos un viaje a San Sebastián con chicas gitanas de 17 y 18 años y ninguna de ellas había visto el mar cuando todo el mundo da por sentado que con esa edad todo el mundo ha visto la playa. Eso te da idea de qué diferencias hay entre un joven de 18 años de Pamplona y otro joven gitano. Nosotros lo que intentamos es abrirles el camino para que vean que hay más vida a parte del núcleo en el que están.

Habla de diferencias, ¿cuáles son?

La gran diferencia entre un payo de 18 años y un gitano de 18 años es que el payo a esa edad suele estar estudiando, sale los fines de semana y tiene una vida normal. El gitano a los 18 años ya está casado y con hijos. No tienen juventud, pasan de ser niños a ser padres. Eso condiciona mucho la vida, porque les obliga a tener con 18 la vida que yo puedo tener con 28 o 30 años.

¿Sigue habiendo prejuicios?

Se ha avanzado pero el camino es largo. Es un círculo vicioso porque hay gente que ve a los gitanos con una cierta distancia y prefiere que no se acerquen, y los gitanos también sienten un rechazo y prefieren no avanzar no sé si por miedo o por no abrirse. Por unos y por otros queda una distancia entre ambos.

¿Tiene solución?

Es difícil. Hay que dar pequeños pasos con el trabajo que hacemos a diario. A veces hay un avance y la acción puntual de alguien hace que retrocedamos.

¿Se nota el cambio generacional también entre los gitanos?

Han cambiado mucho, por ejemplo en la estética. La imagen de un gitano es el estereotipo de sombrero y bastón, pero yo trato con gitanos que son como cualquier otro ciudadano más, que pasarían desapercibidos.

"Me equivoqué al dejar los estudios. Me he dado cuenta de que la vida es muy larga y hay tiempo"


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