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Actualizada Jueves, 24 de abril de 2008 - 04:00 h.
  • MIGUEL LORENCI . COLPISA. ALCALÁ DE HENARES

VIDA, amor y muerte. Los tres elementos esenciales de la gran literatura se hicieron presentes ayer en el discurso con el que el poeta Juan Gelman, (Buenos Aires, 1930) agradecía la concesión del premio Cervantes. El cuarto argentino que lo obtiene pronunció una de las alocuciones más breves, intensas y conmovedoras de las que se recuerdan en el paraninfo de la Universidad de Alcalá.

Repasó Gelman los horrores de las guerras y las dictaduras que cercenaron la vida de los suyos y reivindicó la memoria histórica como "único camino para construir una convivencias cívica sólida". Lo hizo ante los Reyes y el presidente del Gobierno, un José Luis Rodríguez Zapatero que asentía agradecido y risueño a sus palabras.

Tras recordar que con él se premiaba a la poesía, se preguntó Gelman que hubiera dicho Hölderin "en un mundo en el que cada tres segundos y medio un niño menor de cinco años muere de enfermedades curables, de hambre y de pobreza". "¿Cuántos habrán fallecido desde que comencé a decir estas palabras?" se peguntó sereno el poeta argentino para afirmar que "ahí está la poesía, de pie contra la muerte".

Aludió a Mallarmé, a Cavalcanti, a Rilke, a Santa Teresa o San Juan de la Cruz, místicos que le "aliviaron" del exilio al que le condenó la dictadura militar argentina y cuya lectura "me reunió con lo que yo mismo sentía, es decir, la presencia ausente de lo amado, Dios para ellos, el país del que fui expulsado para mi".

Manantiales de consuelo.

Recordó Gelman ante su familia, en especial ante sus nietos Macarena y Jorge, cuyos padres fueron secuestrados y asesinados por los militares argentinos, a los 30.000 desaparecidos de aquel feroz régimen. "Yo moría muchas veces, y más con cada noticia de un amigo o compañero asesinado o desparecido". Ante tanto horror, ante "la tortura, asesinato y desaparición de su restos en el fuego, el en mar o en suelo ignoto, el Quijote me abría entonces manantiales de consuelo" recordó.

Recordó a las 200.000 víctimas de Hiroshima "que el coronel Paul Tobbets aniquiló desde la altura apretando un simple botón", a los centenares de miles de muertos en Irak que muere en el anonimato "privados de le muerte propia", y reivindicó la memoria histórica de las víctimas de la guerra civil española.

"Celebro nuevamente a una España empeñada en rescatar su memoria histórica, único camino para construir una convivencias cívica sólida que abra las puertas del futuro". "Ya no vivimos en la Grecia del siglo V antes de Cristo en la que los ciudadanos eran obligados a olvidar por decreto", dijo. Cerró Gelman su alocución recurriendo de nuevo al poder efectivo de la poesía y "al atrevimiento que conduce al poeta a un más adentro de sí que lo trasciende como ser" y "a la verdad del corazón y la verdad del mundo". Un poeta que, según recordó Marina Tsveateva, "la poeta rusa aniquila pro el estalinismo, no vive para escribir. Escribe para vivir".


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