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CRÍTICA DE CINE MIGUEL URABAYEN

Vuelos secretos

Actualizada Miércoles, 23 de abril de 2008 - 04:00 h.

Aviso: revelo el argumento.L OS gobiernos europeos involucrados lo negaron inmediatamente. No, ellos no habían permitido que alguno de sus aeropuertos hubiera servido de escala a aviones norteamericanos transportando prisioneros acusados de ser terroristas.

La existencia de esos vuelos fue conocida por artículos de prensa, y se hacían a países en los que la policía utilizaba la tortura para obtener informaciones de los detenidos, algo que no permiten las leyes de la patria de Lincoln y otros grandes defensores de los derechos humanos. Como dijeron altos cargos de su actual gobierno, "los Estados Unidos no torturan".

A pesar de esa repetida declaración la sospecha es fuerte después de haber visto en elocuentes fotografías los abusos a iraquies encarcelados en Bagdad, en la prisión de Abu Ghraib bajo mando norteamericano. Y puestos a sospechar, también podía ocurrir que no utilizaran la tortura porque los traslados a países que sí la emplean les resolvía el problema de obtener información por cualquier medio y estar seguros de que la negativa oficial fuera literalmente exacta.

El resultado es que muchos ciudadanos europeos no creen a sus gobiernos sobre las escalas de los vuelos y que buena parte de los norteamericanos no creen al suyo por consider hipócrita todo lo referente a la deportación para interrogatorios. Por cierto, esa operación tiene en inglés el nombre de "extraordinary rendition", de ahí el título original.

Base real

Expediente Anwar muestra un caso parcialmente basado en lo que le ocurrió al sirio-canadiense Maher Arar, detenido en Nueva York en 2002 y trasladado a una cárcel secreta en algún país donde torturar a alguien no va contra la ley. La película es muy explicita y describe con claridad lo que el prisionero debe sufrir en los terribles interrogatorios. Ese prisionero es aquí un químico de origen egipcio, emigrado a USA a los 14 años y casado ahora con una norteamericana que se angustia por su inesperada ausencia. Su marido no ha llegado en el vuelo a Chicago que él había indicado días antes y tampoco ha dado noticias. Simplemente, ha desaparecido.

La acción se desarrolla en tres líneas diferentes. Por un lado, los esfuerzos en Washington de la esposa, Isabella, por romper el muro de silencio que ha caído alrededor de su marido (su nombre no aparece en la lista de pasajeros del avión en que ha viajado). Por otro, vemos lo que le ocurre a Anwar en un país indeterminado del norte de África y la reacción que en un joven agente de la CIA produce la tortura, presenciada por obligación de su cargo. La tercera línea es la relativa a la hija del jefe de policía encargado del prisionero, novia de un estudiante miembro -sin saberlo ella- de una célula terrorista islámica.

El director Gavin Hood, sudafricano, se dio a conocer fuera de su país con Tsotsi, que ganó el Oscar de 2005 a la mejor película extranjera, otros doce premios más y muy elogiosas críticas en todos los países donde se ha proyectado. Expediente Anwar es su siguiente obra y puede anticiparse que no tendrá tan unánime acogida. No por su tema e intención de denuncia sino porque algunos aspectos cinematográficos son discutibles.

Reproches posibles

El primero es la irregularidad del ritmo debido a que el guión mezcla las tres líneas argumentales pasando de muy rápido en algunas escenas a muy lento en otras. El segundo, que la película intenta abarcar demasiadas cosas importantes sin disponer del tiempo necesario. Entre ellas, la formación de los terroristas islámicos, la política en Washington, y sobre todo, la barbarie de la tortura. Además, el guión muestra en el final que una de las líneas de la acción no era, como parecía, simultánea con las otras. Esto se puede considerar una acertada originalidad o, por el contrario, un recurso artificial para sorprender a los espectadores al precio de confundirles.

La interpretación está a cargo de buenos profesionales. Jake Gyllenhaal encaja en el agente conmocionado por lo que ve. Meryl Streep, que siempre actúa bien en sus papeles, es la ejecutiva de la CIA a cargo de la sección de terrorismo. El actor israelí Yigal Naor encarna al jefe de policía y viéndole se comprende que su hija, la frágil Fátima Fawall, tema su cólera. Alan Arkin y Peter Sasgaard representan con soltura al Senador y su ayudante. Omar Metwally da la impresión de estar sufriendo lo que sufre su personaje y Mao Khouas hace un creíble joven terrorista. La que desentona, a mi juicio, es Reese Witherspoon (la esposa), muy bien dotada para la comedia y menos para el drama.

EN RESUMEN: UNA DESAPARICIÓN Y TORTURA POSTERIOR NEGADAS OFICIALMENTE. EL FINAL ES DEMASIADO FÁCIL Y CONTRASTA CON LA VEROSIMILITUD DE TODO LO ANTERIOR. BUENOS Y VARIADOS INTÉRPRETES. EL DOBLAJE HA RESPETADO QUE ALGUNOS HABLEN EN ÁRABE, CON SUBTÍTULOS.


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