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NACIONAL

G-7, el sueño imposible de España

El FMI resta peso a los países de la zona euro por la sobrevalorización de la moneda única

Actualizada Lunes, 21 de abril de 2008 - 04:00 h.
  • JOSÉ LUIS DE HARO . COLPISA. NUEVA YORK

LA economía española roza desde hace años con la yema de los dedos su aspiración de formar parte del grupo de las siete economías más importantes del mundo. El todopoderoso G-7, integrado por EE UU, Japón, Reino Unido, Francia, Alemania, Canadá e Italia. De hecho, durante mucho tiempo se pudo escuchar hasta la saciedad cómo España fue la octava o novena potencia económica mundial, peleando siempre con Canadá por una u otra posición.

Desde que José María Aznar se convirtiera en 1996 en presidente del Gobierno, las sucesivas intentonas de reclamar una silla en el G-7 fueron frustradas. El actual jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, tomó el relevo en ese objetivo cuando entró en La Moncloa en 2004 y lo reivindicó en los últimos años con el mismo nulo resultado.

Sin embargo, últimamente varios indicativos no hicieron más que tirar por tierra las aspiraciones españolas de hacerse un hueco dentro de este selecto club, en el que algunos de sus miembros, como Canadá o Italia, mantienen intacto su puesto.

Lo cierto es que las últimas estimaciones realizadas por las más prestigiosas organizaciones internacionales no terminan de ver a España en dicho grupo, ya que incluso la colocan fuera de las diez economías más potentes del planeta, situándola en un deslucido undécimo puesto.

El principal problema por el que España siempre construyó castillos en el aire es que utilizó un baremo distinto al que usan el resto. Así, defendió de forma reiterada que es la octava economía del mundo porque siempre tomó como referencia el PIB. En base a esa variable, en 2007 el PIB de España alcanzó los 1,05 billones de euros y, una vez más, superó al de Canadá, el socio más débil del Grupo de los Siete.

Claro está que la fórmula sólo funciona para el Gobierno de España, porque, para instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (BM), estos números no son del todo objetivos.

Con un simple vistazo, es cierto que en la comparación tradicional utiliza los tipos de cambio que marca el mercado y los traduce a dólares. El problema es que, mediante esta metodología, se aplican los tipos a bienes y servicios que no participan en el comercio internacional ni, por tanto, en su formación.

Por eso, los últimos resultados dados a conocer por el FMI hace unas semanas emplean un complejo conjunto de instrumentos desarrollados por la propia institución, con ayuda del BM, la OCDE y la Comisión Europea. Mediante este sistema se determina, por ejemplo, que el euro está sobrevalorado, por lo que sus estadísticas restan un peso importante a las economías de la zona con la moneda única.

Economías emergentes

La medición de las economías en paridad de poder de compra provocó la reubicación de buena parte de los países en el ranking mundial. Por ejemplo, China e India son los más beneficiados, ya que generaron el 11% y el 4,5% del PIB mundial, ocupando así el segundo y el cuarto puesto, respectivamente. EE UU sigue manteniendo la medalla de oro, aunque la debilidad del dólar le resta algo de fuerza. Alemania pasa al quinto puesto y Reino Unido al sexto lugar, según los datos correspondiente al año pasado.

Con este panorama, España, que continúa ocupando el octavo puesto según su PIB calculado con tipos de cambio de mercado, se coloca undécimo, si se toma como referencia su PIB medido en paridad de poder de compra. Pero no todo son malas noticias. Según este sistema, Canadá sigue por detrás, en el decimotercer puesto, e Italia, en el décimo.

Pese al batacazo, parece que España seguirá pujando por hacerse un hueco en el G-7. La Fundación Alternativas, vinculada al PSOE, recomendó al Gobierno de Zapatero que abogue por «la inclusión o asociación» de nuestro país en el grupo del G-8, los siete países más industrializados y Rusia, un objetivo presente en el programa electoral del PP para las últimas elecciones generales, pero no en el de los socialistas.

Según el Observatorio de Política Exterior de la fundación, España es «el octavo contribuyente al presupuesto de la ONU y el séptimo país que más ayuda destina al desarrollo, por delante de Italia y de Canadá».


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