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SOCIEDAD

Los sotos de Mélida

Estos sotos, junto con el río, componen un ecosistema muy productivo y de gran diversidad biológica

Actualizada Domingo, 20 de abril de 2008 - 04:00 h.
  • TEXTO Y FOTOS JOSÉ A. PERALES

El pueblo de mélida se asoma a una terraza fluvial desde la que se divisan algunos de los sotos más bellos del río aragón. al otro lado queda Santacara con su torre medieval.

M élida y Santacara, cara a cara. Este refrán popular hace referencia a la situación de estos dos pueblos separados por el río Aragón. Ambos tienen una configuración parecida, ya que están situados en una terraza fluvial situada a unos 350 metros de altitud. En medio quedan los sotos Bajo, del Sequero y del Arenal, pertenecientes a Mélida, y también los de López, la Val y Artica, que están en término de Santacara. Todos ellos están protegidos desde hace unos años por la figura de enclave natural, y forman parte -junto con algunos sotos de Carcastillo, y Murillo el Fruto- del LIC "tramos bajos del Arga-Aragón". Este lugar de interés comunitario abarca desde Carcastillo hasta Milagro, donde se produce la desembocadura en el Ebro.

Antiguamente, el cauce del Aragón hacía de límite entre los términos de Santacara y Mélida. Pero luego, con el tiempo y las riadas, el río modificó su curso, dando lugar a situaciones paradójicas como las del soto del Arenal, que pertenece a Mélida, aunque queda en la orilla de Santacara. Otra curiosidad tiene que ver con la isla que se formó a mediados del pasado siglo en medio del río. Para pasar al otro lado, antaño se utilizaban la barca y el vado.

En la actualidad, un puente de hormigón construido en los años 80, facilita la comunicación entre estos dos pueblos, que están hoy más unidos que nunca.

Mélida y Santacara han vivido estrechamente ligados al río Aragón. Éste ha sido literalmente fuente de vida y de contacto de los pueblos que integran el valle. Por el río bajaban los almadieros roncaleses y salacencos transportando la madera de los bosques pirenaicos.

A veces buscaban su orilla los pastores trashumantes que iban a las Bardenas. E incluso las tropas invasoras - como los ejércitos de Abd al Rahman, en el siglo X- utilizaron esta vía de comunicación tradicional ligada al cauce del río.

También las tropas castellanas y aragonesas asediaron este flanco de Navarra sometido luego a las contiendas fraticidas de agramonteses y beaumonteses. Fue entonces cuando se despobló el antiguo núcleo de Rada, aunque no el de Mélida, que sobrevivió a las sucesivas destrucciones de su castillo y sus murallas en la época medieval. De esa época, ya no queda nada más que los restos arqueológicos del citado despoblado, y las ruinas de la torre de Santacara.

"El Aragón ha sido como el Nilo, para los habitantes de la zona", dice el melidés Juan Manuel Garde, profesor de biología del instituto Benjamín de Tudela. Aquel río ofrecía no solo agua para beber y para regar los campos, sino también otros recursos complementarios como la caza y la pesca, de las que vivían algunas familias. "En los años cincuenta, residía en Mélida un señor al que apodaban el Madrillero, y otro al que llamaban el Barbero. A éste último le apelaban así no porque se dedicara a afeitar, sino porque pescaba barbos. De vez en cuando, uno u otro echaban un bando que decía: ¡hay madrillas!, o ¡hay barbos! Y entonces, tú ibas a su casa y le comprabas la pesca".

También, había un barquero encargado de facilitar el paso a la otra orilla; y otros oficios y actividades ligadas al río. La más importante de éstas era quizá la del antiguo molino. Este último perteneció al monasterio de la Oliva, pero luego se vendió a una familia de Mélida que lo arregló y lo puso en funcionamiento.

Según dice Juan Manuel Garde, que es también aficionado a la historia y la etnografía, aquel molino de origen medieval estuvo en activo hasta los años cincuenta del pasado siglo. "Antes había cerrado ya un tiempo, pero en la posguerra, con la escasez del pan y de la harina, se puso de nuevo en marcha. Según cuentan los abuelos de Mélida, por las noches solían ir con un burrico a moler el saco de trigo". Son las viejas historias del estraperlo que en Mélida y Santacara, tuvieron también algunos episodios memorables ligados a estos escenarios fluviales rodeados de vegetación.

Paisaje cultural

Declarados enclave natural en 1987, los sotos de Mélida (como los del resto del Bajo Aragón) destacan hoy por sus valores ambientales. En ellos, anidan el pájaro moscón, el ruiseñor común y la oropéndola. También encuentran aquí refugio o alimento el avión zapador, el abejaruco, el mirlo, el martín pescador y las garzas real e imperial.

A todas estas aves, hay que unir la fauna de río, que es también muy variada. Además de reptiles y peces, suele destacarse hoy la presencia, entre otros mamíferos, del visón europeo.

Este carnívoro en peligro de extinción encuentra en los sotos del Aragón un hábitat adecuado para su reproducción. Ello ha permitido el desarrollo del proyecto Life "Gestión Ecosistémica de ríos con Visón europeo" en Navarra, gracias al cual se han realizado en Mélida varias intervenciones en el entorno del río.

Más allá de los valores ambientales, los sotos del Aragón deben considerarse hoy uno de los grandes paisajes culturales de Navarra. Antiguamente, estos bosques de ribera eran mucho más extensos y llegaron a cubrir toda la llanura de inundación (la que va desde el lecho del río hasta la terraza donde se asientan los pueblos).

Con el tiempo sin embargo, los agricultores fueron robando poco a poco el terreno al río para dedicarlo a cultivos. Así comenzó el proceso de domesticación de este río salvaje, que de vez en cuando se cobra su tributo.

"Hace unas décadas, cuando no había piscinas en Mélida, cada cierto tiempo se ahogaba aquí algún chiquillo, y las riadas -frecuentes antes de hacerse el pantano de Yesa-, solían anegar periódicamente los cultivos más cercanos al cauce", señala Garde.

Desde hace unos años, con el declive del sector primario, el río ha recuperado parte de su espacio natural, y además las nuevas condiciones sociales propician nuevos usos ligados al turismo y la ecología.

Hoy, algunos pueblos del Bajo Aragón, como Mélida y Santacara, empiezan a descubrir que una parte importante de su riqueza está también en el paisaje y en la historia que los une.


Comentarios
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  • Y si a todo esto le unimos los grandes sotos que hay en la presa de Carcastillo y la cercania de las Bardenas Reales de Navarra y el monasterio de la Oliva, completamos una jornada turística de primer orden por la ribera de Navarra.uno del Valle del Aragón

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