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Cinco historias navarras entre adoquines

La 106 edición de la París-Roubaix, la reina de las clásicas, contó con la participación de cinco ciclistas navarros. De todos ellos, sólo tres -Chente García, Imanol Erviti y Juanjo Oroz- consiguieron llevar al mítico velódromo.

Actualizada Lunes, 14 de abril de 2008 - 04:00 h.
  • L. GUINEA . PAMPLONA

S I en cualquier carrera la suerte es un factor importante, en la París-Roubaix es una cuestión vital. Los cinco navarros que tomaron parte ayer en el "Infierno del Norte" la vivieron de forma desigual.

Hace justo un año Alan Pérez Lezáun se fracturó el escafoides en estos mismos adoquines, y estuvo penando todo el año. Ayer, y después de meterse otro guantazo soberano en Flandes, optó por la retirada en Roubaix. "Tengo molestias, llegué al primer avituallamiento y después de pasar los primeros tramos me bajé. No me juego el Giro en una carrera que no tengo nada que hacer", dice.

Juanjo Oroz y Javier Aramendía (Euskaltel) debutaban ayer en el "Infierno del Norte". El de Berrioplano se quedó sin agua justo antes de entrar en el mítico Bosque de Arenberg. Dudó si seguir sin agua e intentar enlazar con los primeros, o esperar. Plan B. Cogió un bidón, pero perdió la estela de cabeza y se quedó en tierra de nadie. "He sufrido mucho para terminar. Tengo buenas piernas, voy bien, pero con el peso que tengo no puedo ir bien en este pavés, necesito siete kilos más", apuntaba.

Javier Aramendía también saboreó ayer el Infierno. Se cayó en uno de los primeros tramos. Chapa y pintura, pero se quedó descolgado. Quiso seguir sólo por conocer un lugar mítico como el Bosque de Arenberg. "Es impresionante, es lo más duro que he hecho nunca. En el pavés se botaba, pero en Arenberg iba volando; era durísimo". Después de Arenberg se bajó.

Un año más Imanol Erviti (Caisse d"Epargne) había preparado las clásicas del norte a conciencia e iba ilusionado a la Roubaix. Incluso el equipo por primera vez en más de 20 años había dispuesto bicis más acordes con el pavés. Pero faltó la suerte. "Un poco antes de Arenberg ha habido una caída que ha roto el grupo, y nos ha dejado cortados", explicaba el pamplonés que no se cayó y sólo pinchó una vez. "Después hemos intentado enlazar con el grupo de adelante, los hemos llegado a tener a 20 segundos, muy cerca, pero no hemos podido. Por lo menos hemos terminado bien".

Chente García (Caisse), un veterano curtido en mil batallas, se quedó dormido de puro cansancio en el coche de equipo después de llegar al velódromo de Roubaix y ducharse. "Estoy contento a nuestro nivel porque los belgas son de otro planeta. Pero esta carrera te deja vacío, roto".


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