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El político empresario de todos conocido

Actualizada Domingo, 13 de abril de 2008 - 03:59 h.
  • ÍÑIGO DOMÍNGUEZ . COLPISA. ROMA .

El jueves, en su programa favorito de televisión, Silvio Berlusconi tendió la mano al presentador: «Huela, huela...». Bruno Vespa, el inenarrable moderador de Porta a porta en RAI Uno, se inclinó obediente y olisqueó la mano del magnate. «¿Lo ve? ¡Olor de santidad!», espetó el Cavaliere partiéndose de risa. Era, en teoría, el momento culminante de la campaña para presentar su programa a Italia, un país que no está para bromas. Consistió, en realidad, en tres horas de monólogo, con chistes y promesas de repertorio. El líder de la derecha, agrupada en el Pueblo de la Libertad (PDL), 14 años después de presentarse a sus primeras elecciones, acude mañana a las quintas con la misma fórmula. Italia se ha acostumbrado a ser una anomalía política de corte bananero. Como en las últimas citas, la pregunta es si ganará Berlusconi.

Los últimos sondeos, de hace dos semanas, decían que sí, y por seis puntos, aunque su ventaja se reducía. Parecía la alternativa lógica al descalabro de Romano Prodi, que sólo duró dos años con una endeble coalición de nueve partidos. Sin embargo, los comicios se deciden en Italia en los últimos días y el Cavaliere ha llegado cansado, afónico y desgastado a la recta final. Su único argumento era él mismo, pero más que nunca ha dado la sensación de repetirse, de representar lo viejo. A Walter Veltroni, líder del Partido Demócrata (PD) se le ha visto ilusionado, con un lenguaje fresco, distinto al habitual de la política. Ha logrado parecer el aspirante, aunque sea el sucesor de Prodi. Ha manejado bien un par de ideas claras. Sobre todo que, si vence, Italia tendrá por primera vez en su historia un Gobierno de un solo partido, como un país normal, y podrán tomarse decisiones.

Promesas

Es verdad que sería una revolución. Pero antes debe haber una sorpresa, el triunfo de Veltroni. «Se puede hacer», el lema de Obama, es su invitación al milagro en un país que ya no espera nada. El ex alcalde de Roma ha llenado las plazas por toda Italia, en una gira en autobús de 55 días, y el viernes en Roma había 150.000 seguidores. Berlusconi, que se ha prodigado poco, sólo reunió a pocos incondicionales en el Coliseo. Consciente del hastío absoluto de los italianos sobre sus políticos, Veltroni ha hablado de regeneración ética, de cortar vicios y derroches. Pero no hay que fiarse. Lo bueno de Veltroni es que transmite sensatez y convicción. Lo malo es que tiene una tendencia a leer en público cartas de niños que tira para atrás. Los italianos temen que Veltroni sea otro vendedor de humo. Basta ver Roma, donde ha organizado festivales y noches blancas pero que es un desastre, símbolo de un país que no funciona. Habría que comprobarlo, pero es posible que en sus siete años de alcalde ni un solo autobús haya llegado a su hora.


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