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Moratinos, el diplomático hecho político

Repite en Exteriores

Actualizada Sábado, 12 de abril de 2008 - 11:57 h.
  • AGENCIAS. Madrid

Miguel Angel Moratinos, de 56 años, llegó al Ministerio de Exteriores y Cooperación con una larga y prestigiosa carrera como diplomático a sus espaldas pero sin experiencia en política, pero este madrileño cosmopolita curtido por el Mediterráneo ya pasó lo peor y dice haber aprendido de los errores cometidos que le conllevaron numerosas críticas, muchas debidas a su inexperiencia y a arrebatos viscerales que, poco a poco, parece que ha aprendido a controlar.

A lo largo de los cuatro años pasados tuvo que lidiar la crisis abierta con EEUU por la retirada de tropas de Irak, con una UE casi paralizada tras la muerte de su nonata Constitución y con unas relaciones con la izquierda latinoamericana llenas de polémica y donde Venezuela fue su peor quebradero de cabeza.

Ahora, con la mano tendida a la oposición, la legislatura se atisba mucho más tranquila y tendrá como principal objetivo la presidencia española de la UE en el primer semestre de 2010 y abrir un nuevo capítulo en las relaciones con Washington, como dijo el presidente en su discurso de investidura, todo ello sin desatender a Europa, el Mediterráneo, Iberoamérica -y sobre todo el proceso de diálogo crítico iniciado con Cuba- y Africa, el continente que España incorporó en la pasada legislatura a sus prioridades.

Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas antes de llegar a la carrera diplomática y afiliado al PSOE solo desde el año 2000, Moratinos comenzó a trabajar para la administración en 1979 como embajador en Yugoslavia del gobierno de Adolfo Suárez. De allí pasó a Rabat, la ciudad donde comenzó la relación con la orilla sur del Mediterráneo que le marcaría de por vida. Tuvo varios cargos en el Ministerio siempre relacionados con este área geográfica, en 1996 llega como embajador a Israel y a los seis meses es nombrado enviado especial de la UE para Oriente Próximo, el puesto en el que tuvo mayor notoriedad. Desde este cargo, Moratinos participó en el proceso de paz árabe israelí en primera línea y vio tan cerca el éxito, en Camp David en 2000, como el gran desastre que supuso la intifada que comenzó después.

Tres años más tarde, en el verano de 2003, regresó a una España que casi le era ajena, llena de "crispación" como reconoció entonces y en la que encontró un líder que le ilusionó, José Luis Rodríguez Zapatero, que optó por volver a poner a un diplomático al frente de Exteriores (algo que no había ocurrido desde que Fernando Moran fue ministro de Felipe González) y confió en su talante moderado, sus muchos contactos y el buen conocimiento del inglés y el francés (a los que se añaden conocimientos de ruso, serbocroata) para redefinir una política exterior marcada por la gran crisis que provocó Irak.

Casado con la francesa Dominique Maunac, padre de tres hijos y 'colchonero' -del Atlético de Madrid- hasta la médula, todavía sueña con ver hecho realidad su sueños, la firma del acuerdo de paz entre árabes e isrealíes. Y ahora, más tranquilo, confía en que el consenso haga su labor un poco más sencilla.


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