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FERIA DE ABRIL/SEVILLA BARQUERITO

Tres sobreros y tres horas

Actualizada Sábado, 12 de abril de 2008 - 04:00 h.

D OS horas y cuarenta minutos de festejo, tres sobreros y, por tanto, tres toros de los del sorteo devueltos por lisiados o por lesionarse. Era la segunda corrida que lidiaba en feria Juan Pedro Domecq. La primera, el pasado lunes, fue más pequeña que esta otra. Cobró por escrito y de palabra infinidad de censuras. Quedarán pálidas al compararse con el balance de esta segunda.

El primer toro de corrida tropezó mucho los engaños y los acabó punteando. Sorprendido en un falso en un cite por fuera, Curro Díaz salió cogido feamente por el pecho. Curro estuvo acopladito en una primera mitad de faena bien dibujada pero algo precipitada y ligera. Tres pinchazos, cinco descabellos, se echó la hora encima.

Tuvo buen aire el primer sobrero de José Luis Pereda. El Cid, resuelto enseguida, se encajó por la mano izquierda y, colocado algo por fuera, enganchó, tiró y ligó con soltura, temple y gobierno. Tres tandas cumplidas. Cuando mejor pintaba todo, se produjo la primera rajadita del toro. Y entonces se enfrió la faena. Antes de que se apagara del todo la cosa, El Cid entró con la espada, pero sin estar ni siquiera cuadrado el toro. Cayó el toro cuando ya estaba para sonar la campana.

Hora y veinte después de empezar la fiesta estaba todavía asomando el tercero, un segundo sobrero de José Luis Pereda.Miguel Ángel Perera no dio con la fórmula para corregir los derrotes, salvo en muletazos sueltos cobrados por delante y ganando el pitón contrario. Combate nulo. Una estocada.

El cuarto juampedro, con hechuras de las infalibles en la ganadería, se vino abajo después de banderillas y, ahogado y rebrincado, dio por plantarse antes de embrocarse cuando lo intentaba. Curro Díaz abrevió. El quinto, jabonero claro, sin trapío ni cuello ni percha, fue toro codicioso. No le llegó el toro a la gente. El Cid, de perfil y abierto el compás, pareció encajarse. Fue más el efecto óptico que otra cosa: pura habilidad. El toro se ahogó en el tercer muletazo seguido y en la primera tanda cargada de intenciones. Dos pinchazos, tres descabellos. Fin de feria de El Cid. El último y tercer sobrero, de El Serrano, pura procedencia Juan Pedro, fue un toro de tantos. Uno más o uno menos. Imposible. Y cobró una excelente estocada. Algo tarde.


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