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CON EL MANDO EN LA MANO JOSÉ JAVIER ESPARZA

OT

Aunque todos los profesionales de la música echan pestes de Operación triunfo, el fracaso que cosechan en los últimos años los programas musicales dejan la impresión de que la música ha dejado de ser un argumento televisivo.

Actualizada Jueves, 10 de abril de 2008 - 04:00 h.
  • TELEVISION@DIARIODENAVARRA.ES

D ESPUÉS de dedicar unas cuantas horas de antena -muy bien arregladas- a las pruebas de selección, Telecinco rompió a emitir esta semana la nueva temporada de Operación triunfo. el concurso canoro con aire de reality más exitoso de nuestra pantalla. Lo presenta Vázquez. Esta vez la academia la dirige Ángel Llácer. Convocó a menos espectadores que en anteriores ocasiones, pero sigue respaldado por 3,8 millones, que son mucha gente, y lideró su franja horaria.

¿Aporta algo nuevo esta edición? En realidad, no, salvo la identidad de los concursantes, que ahí reside el gancho de este programa. Donde más chicha se le puede sacar al asunto OT no es en el aspecto televisivo, tan variable, sino en el propiamente musical. No hay persona vinculada al mundo de la música profesional que no eche pestes del concurso. Los más constructivos hablan de un "nuevo escenario" al que no hay más remedio que adaptarse; los más ácidos denuncian la omnipresencia de un espectáculo donde las cualidades específicamente musicales retroceden en beneficio de otros argumentos de tipo escénico o incluso publicitario; todos, en cualquier caso, coinciden en señalar que Operación triunfo ha hecho daño a la música pop (eso que el veterano Uribarri llama "la música ligera") y, más concretamente, a los que tratan de ganarse la vida en ese oficio. ¿Por qué? Porque OT ha soltado sobre la escena a un puñado de nuevas figuras que, en general, no estaban en la carrera, que han aparecido de repente y que, por la fuerza de atracción de la tele, plataforma invencible, han oscurecido a los otros, los de a pie, haciéndoles la vida más difícil, robándoles galas y conciertos, echándolos a la cuneta de ese áspero camino que conduce a los despachos de las productoras y las discográficas. Si antes ya había que ser muy bueno para abrirse paso, ahora la meta se ha hecho todavía más difícil. Eso es, en fin, lo que dicen, y habrá que suponer que tienen sus razones. Pero, por otro lado, ¿había otro camino para revitalizar la presencia de la música pop en televisión? Todos hemos visto cómo los programas musicales iban languideciendo en los últimos diez años, hasta acabar convertidos en fracaso seguro, como ese No disparen al pianista que todavía boquea en La 2. Aquí la cuestión es que la música comercial ya había dejado de ser argumento televisivo; la época de Aplauso o -con más razón todavía- La edad de oro ha quedado muy atrás, y no había manera de poner la tele al servicio del negocio musical. En ese sentido, lo que ha hecho "OT" no es tanto cerrar unas puertas como abrir otras. Eso es lo que dicen los defensores del programa, y habrá que conceder que sus razones son también buenas. Veremos qué da de sí esta edición de OT.


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