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La "Lady Acero" de la empresa italiana

De pequeña jugaba a ser directora de personal de sus muñecas y ahora tiene 6.500 empleados

Actualizada Jueves, 10 de abril de 2008 - 04:00 h.
  • ÍÑIGO DOMÍNGUEZ . COLPISA. ROMA

LA nueva presidenta de la patronal italiana, Emma Marcegaglia, jugaba de pequeña a ser directora de personal de sus muñecas. Empezó pronto y ahora, con 43 años, llega rodeada de récords a la presidencia de Confindustria. Obviamente, es la primera mujer que lo consigue en Italia, uno de los países más machistas de Europa en la presencia femenina en los círculos de poder. Pero es de justicia reconocer que Italia acaba de marcarse un punto.

Sólo en Francia -Laurence Parisot en 2005- y en Turquía -Arzuhan Dogan Yalcindag en 2007- una mujer llegó a este puesto. La buena empresa italiana siempre supo innovar y lanzarse hacia el futuro, y ahora lo está haciendo, como ejemplo para el resto de los italianos, en un momento muy difícil.

Aún así, lo demás no va tan rápido. Esto es Italia y las crónicas del día de su elección empezaban describiendo cómo iba vestida. Una información decisiva para los mercados: eligió «un look Made in Italy pero con un toque francés», «sobrio, pero no monacal», traje de Dolce & Gabanna, botas de Prada y bolso de Channel. «En los cócteles debería preferir los vestidos rectos, con escotes equilibrados», apuntó el estilista Lorenzo Riva. Al revés que en su infancia, Marcegaglia deberá emplearse a fondo en que no le traten a ella como una muñeca.

Matices aparte, las 126.590 empresas agrupadas en la patronal la tomaron muy en serio. Además de ser la primera mujer en el cargo en casi un siglo de historia, es el presidente más joven y obtuvo el mayor consenso registrado hasta ahora, un 99,2% de los votos, 126 de 132 posibles. La tarea que asumirá a partir del 21 de mayo durante cuatro años es peliaguda. La resumió bastante bien su predecesor, Luca Cordero de Montezemolo, presidente de Fiat, al felicitarle con un ramo de rosas rojas: «Sin sudor y lágrimas Italia corre seriamente el riesgo de convertirse en un país irrelevante en la economía mundial».

Marcegaglia se puso al frente de los empresarios italianos sin saber con qué Gobierno le tocará lidiar, aunque consciente de la desastrosa situación económica de su país. Al margen de lo que pueda empeorar con la crisis en EE UU, el crecimiento es casi nulo, hay una emergencia salarial, está en marcha una reforma de los contratos y la siniestralidad laboral es una epidemia.

A Marcegaglia no se le conocen afinidades políticas y su elección unánime marca una reconciliación en la patronal, dividida agriamente en la campaña electoral de hace dos años entre una dirección crítica con Berlusconi y un núcleo duro de empresarios del norte afines a él.

Éstos son los desafíos que le esperan a Lady Acero, o la Señora del Acero, como se la conoce por su oficio, que no por sus formas. Nacida en Mantova en 1965, es hija de Steno Marcegaglia, uno de esos empresarios italianos del norte con sentido familiar, tesón profesional y olfato para los negocios. Empezó en 1959 con un taller de 120 metros cuadrados y hoy factura 4.000 millones de euros, tiene 6.500 empleados y 50 fábricas en Italia y otros países.

Clase turista

Marcegaglia es el décimo grupo industrial italiano, líder mundial de la transformación de acero. Pero los Marcegaglia se definen «empresarios pobres de una empresa rica». Steno, el padre, fue secuestrado en Calabria, se liberó él solo y cuando volvió a casa lo primero que hizo fue convocar una reunión de negocios. Emma, tras licenciarse en la Bocconi, la prestigiosa universidad milanesa, hizo un master en Business Administration en la New York University. Luego, a currar. Hoy es consejera delegada del grupo junto a su hermano.

Suele volar en clase turista y no se sabe gran cosa de su vida privada, salvo que juega bien al tenis y al parecer colecciona relojes antiguos. Sin embargo, su trayectoria fue visible. Está en Confindustria desde los 21 años y fue presidenta de los jóvenes empresarios con 31, algo que ya fue un récord. Entonces se hablaba de sus minifaldas «vertiginosas» y a veces se le recuerda un baile desenfrenado sobre unas mesas en una fiesta de Capri, algo de lo que siempre se avergüenza entre risas en las entrevistas.


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