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El hombre que confesó haber asesinado a su hijastra en Getafe se declara ahora inocente

La autopsia reveló que la víctima estaba embarazada de siete meses

Actualizada Martes, 8 de abril de 2008 - 15:15 h.
  • AGENCIAS. Madrid

El presunto asesino de Paloma Luque, la joven que apareció el 18 de marzo de 2006 en una depuradora de la pedanía de Perales del Río (Getafe), se declaró hoy inocente en el juicio, retractándose de la confesión que hizo del crimen de su hijastra a los policías que le detuvieron once días después.

La víctima desapareció el 14 de marzo de 2006, 24 horas después de cumplir la mayoría de edad. El cadáver de la joven apareció cuatro días más tarde en la Depuradora Sur de Perales del Río. La autopsia reveló que estaba embarazada de siete meses, que su asesino trató de provocarle un abortó clavándole un objeto en el periné y que murió asfixiada.

La Policía identificó el 23 de marzo el cuerpo hallado en la depuradora y, dos días después, los agentes del Grupo X de Homicidios detuvieron a Eduardo P.G., el padrastro de Paloma, en el barrio de Villaverde. Tras negar en las dependencias policiales su autoría en los hechos, Eduardo confesó a los agentes cuando lo trasladaban a los Juzgados de Getafe que había matado a Paloma, ratificando su autoinculpación ante el juez.

Dos años después del brutal crimen, el presunto asesino de la joven se sentó en el banquillo de los acusados de la Audiencia Provincial de Madrid para ser juzgado por un delito de asesinato y otro de aborto en grado de tentativa. El procesado se enfrenta a una petición fiscal de 23 años y once meses de prisión. Según la fiscal, propinó a la chica varios golpes en la cabeza que le provocaron la pérdida del conocimiento. Tras ello, le introdujo un papel en la boca para asfixiarla.

Frente al relato de la acusación, Eduardo se declaro inocente, retractándose de su propia confesión: "Me declaró inocente. La declaración que hice cuando me detuvieron fue lo primero que se me ocurrió. No sé ni lo que declaré". Pese a que hoy negó los hechos, el propio Eduardo fue la persona que condujo a la Policía hasta el lugar donde se produjo el asesinato y a la alcantarilla donde se deshizo del cuerpo.

Momentos antes de su interrogatorio, el procesado tuvo que verse las caras con los familiares de Paloma. En los pasillos, le increparon al grito de "asesino", "cabrón", "lo pagarás" y "adentro te matarán". Los insultos se colaron durante el desarrollo de la vista oral, lo que provocó que la presidenta de la Sala abroncara a los allegados por faltar el respeto al tribunal.

Relaciones consentidas

En su declaración, Eduardo se mantuvo frío con semblante tranquilo y actitud chulesca a la hora de responder a las preguntas. Admitió que desde 2001 mantenía relaciones consentidas con Paloma, aunque insistió en que esa cuestión no era "objeto del juicio". Según su testimonio, se enteró del embarazo cuando se le hizo la autopsia, si bien apuntó que la madre de la chica le había comentado que la iba a llevar al ginecólogo para comprobar si estaba encinta. "Yo no sabía que estaba embarazada", reiteró en varias ocasiones.

Relató que el 14 de marzo de 2006 quedó con Paloma para hablar de "cosas privadas", sin querer especificar el contenido de la conversación. "Discutí con ella. Se enfadó conmigo y me dijo que la dejara en la estación de Villaverde porque se quería ir a Atocha. Cuando la llamé no contestaba. Di la vuelta y me dirigí a Atocha a buscarla", narró. Eduardo llamó entonces a la madre de la joven, Milagros, para alertarla de lo sucedido. Un día después, denunciaron su desaparición.

A preguntas de la fiscal sobre si le clavó un objeto para provocarla un aborto, el encausado respondió: "Esa manera de producir un aborto no está en ninguna cultura. Introducir algo entre la vagina y el ano no provoca ningún aborto. Eso no es normal".

En la cama con su hija

Uno de los policías que intervino en la detención del presunto asesino contó que Milagros le había comentado que en 2001 se había encontrado a su esposo en la cama con su hija. A partir de entonces, la joven vivía con su abuela, pasando algún fin de semana en la casa de su madre y de su padrastro. La madre de Paloma también encontró una carta en la que su marido le indicaba a su hija la ropa interior que se debía poner.

Por su parte, la madre de la joven narró que la prima de Paloma le aconsejó que le hiciera a su hija la prueba del embarazo al sospechar que podría estar encinta. Entonces habló con Eduardo sobre la posibilidad de que la joven estuviera embarazada. Preguntada sobre si sospechaba de que él podría ser el padre, contestó: "Se me hace difícil hablar de esto. Se supo que la niña era de él".


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