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CULTURA Y SOCIEDAD

El Fundi, la estocada de la feria

Actualizada Domingo, 30 de marzo de 2008 - 04:00 h.

N ADA más empezar El Fundi a trastear, en un tendido de sol y casi bajo el reloj, se desmayó un espectador. Las bandas fosforescentes de los uniformes de Cruz Roja, numerosa y movediza cuadrilla, tal vez reclamaran al toro, que pecó de embestir sin la regularidad de los toros completos. Pero al madrileño le faltó también serenidad de fondo. O colocación. Sistemáticamente, cites y embroque fueron al hilo del pitón o muy fuera del cacho. O muy encima del toro, donde tampoco convenía.

La estocada lo tapó todo. Valió una oreja.

Pegajoso, el primer toro de Palha se acostó por la mano derecha. Algo celoso, revoltoso en las primeras bazas, no descolgaba ni humillaba, sino que tomaba el engaño a golpes de un solo impulso. Costó resolver con él. El Fundi pecó por precipitado. La apuesta fue una faena cuerpo a cuerpo y sin espacios. Lo sonado fue un desplante de cara y de pie y arrojando El Fundi los trastos. Imagen torera.

A quien más se esperaba era a Luis Bolívar, porque es uno de los que se habla más y mejor. Un quite firme por talaveranas en el segundo de corrida confirmó el runrún, que creció al verse a Bolívar lancear de salida al tercer palha mecido y a compás. Pródiga en quites fue la corrida. Bolívar salió por chicuelinas en ese toro. El Fundi, por delantales, no perdonó turno. Pero de pronto cambió el decorado. Un moroso tercio de banderillas concluyó con el toro apalancado en un burladero. Ahí lo retenían los banderilleros. Bolívar intentaba citar desde los medios para un cambiado por la espalda que abriera faena a cañón. Terca idea, que fue el primer tropiezo. Rebrincado, cabeceante, la cara por encima de los engaños, el toro se vino abajo. El sexto, enano y deslumbrado, algo descaderado, corto y zancudo, sin cuello, fue toro manejable. Pero sin trapío para Sevilla. Sin plaza. Preció descararse Bolívar. Lo que hizo fue en realidad ponerse tan encima que el toro se quedó sin sitio por donde. Y un toro más: el segundo de corrida, tundido y roto en un puyazo trasero, pero toro de buena elasticidad. Jesuli lo toreó sometido a un control de saliva destinado a medir la fisiología de un torero en pleno tajo. Y esa sería la mayor fortuna del trabajo: sus datos de laboratorio.


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