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El final del proyecto del Transrapid en Múnich pone en peligro reputación de la industria alemana

Nadie se atrevía hoy a sepultar definitivamente un proyecto que nació hace más de dos décadas

Actualizada Jueves, 27 de marzo de 2008 - 19:57 h.
  • AGENCIAS. Berlín (Alemania)

El fin del proyecto para la primera línea del tren magnético Transrapid en Alemania, que debía comunicar Múnich con su aeropuerto, supone un duro revés para la industria germana, que aspiraba a desarrollar su propia tecnología de alta velocidad, en este caso sobre un monorraíl.

Nadie se atrevía hoy a sepultar definitivamente un proyecto que nació hace más de dos décadas y que amenaza con dejar en ridículo el potencial innovador de la industria alemana.

Tras una reunión de crisis con todas las partes implicadas en el proyecto para la construcción de un Transrapid en la capital de Baviera, el ministro de Tráfico y Transportes, Wolfgang Tiefensee, fue el primero en anunciar su definitiva suspensión.

El tramo de 35 kilómetros en el que iba a discurrir el tren monorraíl de levitación magnética debía reducir el trayecto entre el aeropuerto y el centro de Múnich de actualmente 45 a unos diez minutos.

El socialdemócrata Tiefensee comunicó que la decisión se había tomado después de constatar que los costes de construcción amenazaban con explotar.

Los 1.850 millones de euros presupuestados inicialmente para el proyecto en base a un estudio de 2002 se habían disparado entretanto a unos 3.400 millones, costes que ni el Estado ni el Gobierno regional de Baviera estaban ya dispuestos a seguir sufragando.

El Estado se había comprometido a contribuir al proyecto muniqués con un máximo de 925 millones de euros, y Baviera había prometido aportar 500 millones.

El primer ministro bávaro, Günther Beckstein, apenas pudo reprimir su malestar frente a la industria implicada al anunciar junto a Tiefensee el final del proyecto.

El político socialcristiano, quien heredó los planes de su predecesor y gran "fan" del Transrapid, Edmund Stoiber, hizo hincapié en que el estado bávaro había cumplido con su compromiso, cosa que no habían hecho "otros".

Con esos otros Beckstein se refería a la industria encargada de desarrollar el nuevo sistema, fundamentalmente los consorcios Siemens y ThyssenKrupp.

El presidente del departamento del desarrollo del Transrapid Siemens, Peter Löscher, se apresuró a apartar de sí y de ThyssenKrupp toda responsabilidad y la desvió a la industria encargada del desarrollo de la vía, entre ellas, el gigante de la construcción Hochtief.

Mientras los responsables industriales se negaban a quedar como los malos de este culebrón, los ministros Tiefensee, y su colega de Economía, Michael Glos, se esforzaban en evitar que la reputación industrial alemana quedara por los suelos.

"El tren de levitación magnética sigue siendo un producto de primera calidad alemana y a escala internacional esta tecnología tiene un amplio potencial", sostuvo Glos, quien insistió en que el abandono del proyecto en Múnich no constituía el final del proyecto en sí.

Tiefensee, por su parte, aseguró que el Estado alemán seguirá esforzándose por lograr que el sistema se pueda comercializar en el extranjero.

En ese contexto señaló que los Emiratos Árabes han manifestado interés por el proyecto.

Ambos ministros recordaron que el Transrapid se está utilizando con éxito en China, donde une el centro de Shangai con el aeropuerto de Pudong a 30 kilómetros.

Sin embargo, también en China parece haber dificultades con esta tecnología, pues los planes de ampliar el tramo y unir Shangai con Hangzou, a 170 kilómetros, se están retrasando, lo que, según medios chinos, se debe en buena parte al problema de costes.

La canciller alemana, Angela Merkel, se ha negado hasta ahora a ceder a China la tecnología, lo que abarataría sensiblemente los costes, pero tras el fracaso en Alemania, el experto en este sistema de trenes de la Universidad de Dresde, Rainer Schach, pronosticó hoy que las patentes acabarán pasando a China.


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