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A PUNTA SECA FERNANDO PÉREZ OLLO

Resumen riguroso y ameno, reedición oportuna

"La fe no se legisla". Es cierto. Ni la credibilidad de los gobernantes, ni el bullicio de las fiestas

Actualizada Miércoles, 26 de marzo de 2008 - 04:00 h.

E sta es la segunda edición de un libro publicado en 1980 y difícil de encontrar desde hace mucho. El título original, Introducción a una historia contemporánea del anticlericalismo español, demasiado largo para el gusto actual, suena más académico y responde mejor al contenido del volumen, cuyos veintisiete capítulos no pretenden ni ofrecen estrictamente una historia del anticlericalismo hispano, sino un resumen del asunto, con especial atención a partir del siglo XVIII.

El texto, como revela el autor, nació "en forma de cartas a una amiga que quería saber algo acerca del tema del anticlericalismo español y sus transformaciones. Después las ajusté para que sirvieran de introducción a un trabajo colectivo en que colaboraron varios sacerdotes católicos, bajo la dirección del P. Miguel Batllori. La colaboración dio como resultado una serie de monografías sobre el anticlericalismo en la época contemporánea, en autores y revistas de diversa índole. Casi todos los colaboradores eran mucho más jóvenes que yo. Las diferencias de edad y de origen hacían que mi cometido fuera difícil entre ellos. Yo provenía de una familia que podría definirse como anticlerical en esencia, y ellos, del mundo no sólo religioso, sino sacerdotal. De todas formas, existía la curiosidad común, el deseo de enterarse mejor del hecho y cierta buena voluntad por mi parte que hoy algunos puede que no vean en este libro. Acaso hay en él demasiada sal, demasiada pimienta para ciertos paladares. No es mi culpa. Los datos que manejo con como son. (.) Ésta es una obra sencilla, sobre un tema viejo y hoy casi folklórico, escrita por un hombre que ha dedicado al folklore mucha atención a lo largo de su vida".

Esta edición reproduce fiel la primera, salvo precisamente el prólogo de 1980, cuyos seis párrafos cierran aquí el epílogo.

Dos cosas absurdas

Caro Baroja expresó más de una vez su satisfacción agradecida por haber aprendido el catecismo e historia sagrada en aulas no confesionales, las de la Institución Libre de Enseñanza, y de haber cursado esas materias -impartidas por sacerdotes-, porque lo quisieron su abuela materna y su madre. "Así me libré -escribió en Los Baroja (1972)- de dos cosas que me resultan igualmente absurdas: el vivir en España sin saber nada de lo que significa la educación religiosa, cosa que ha pasado a muchos intelectuales, y el descubrir la religión católica como la descubren muchos de los modernos conversos, por vías estéticas, intelectivas, etc. Para mí la Religión no puede ser motivo de descubrimiento tardío, porque la he vivido y la he sentido como cualquier español la vive y la siente, en la infancia en Madrid y más aún en Vera."

Tal fondo le facilitó el estudio de las manifestaciones religiosas en España, a las que dedicó dos trabajos importantes, De la superstición al ateísmo. Meditaciones antropológicas (1974) y sobre todo Las formas complejas de la vida religiosa. Religión, sociedad y carácter en la España de los siglos XVI y XVII (1978). Ese libro, cuyo título evoca evidentemente a Émile Durkheim, analiza la religiosidad real, los modos que animaban la fe y su práctica en aquellos tiempos, y refleja las muchas lecturas de Don Julio sobre la materia. Un libro pasmoso por la nutrida y coherente información de primera mano y, a mi juicio, el mejor escrito por el autor. Un trabajo que prueba, a contrario, la línea del autor: para repetir lo que ya está dicho, no merece la pena estudiar. No hay ningún riesgo en afirmar que muy pocos, aun clérigos, han volteado tanto tratado de teología y de casuística moral de aquella época, uno de los bloques más interesantes y cuidados de su biblioteca en Itzea. También para algunos el más insospechado.

Caro Baroja no careció del sentido religioso. Basta conocer su biblioteca más personal, la alojada en su propia habitación, para afirmarlo. Y en la vida pública, además de las experiencias y observaciones directas que algunos podemos guardar -más de una vez le vi persignarse-, mostró gran respeto por las creencias y, como recuerda Juaristi, puso su título de doctor a disposición de los jesuitas, para que Deusto cumpliera los requisitos. Ahora, si ignoraba el léxico antropológico de moda -no entendía que a una región europea se le aplicasen esquemas melanesios-, no menos se resistía a interpretaciones "científicas" de los grandes problemas que le resultaban extrañas. No creo, por ejemplo, que abriese los volúmenes de Teilhard de Chardin que le pasaba D. José Esteban Uranga, activo seguidor del paleontólogo francés. Prefería releer a Kant o a Voltaire. Sin embargo, el P. Batllori, S.I., en el funeral por don Julio en la Academia de la Historia pronunció con especial énfasis el canon primero, que recuerda a "aquéllos cuya fe y devoción Tú conoces". A muchos les sonó como mensaje críptico.

Claro es que, para trazar una síntesis histórica del anticlericalismo hispano, debería importar poco si el autor es notorio anticlerical y conspicuo descreído. Esa condición no avala la calidad ni la contraria la rebaja. Lo que debe pesar es el rigor y el equilibrio del resumen. Éste cumple tales condiciones y viene a ser una breve historia de España sub specie del anticlericalismo, fenómeno que adquiere aquí características propias, quizá porque la historia religiosa del país también los ofrece. De hecho, la palabra anticlericalismo, recuerda Caro Baroja, no aparece en el diccionario de la RAE hasta en la edición de 1939 y el Diccionario histórico de la Lengua Española, de la propia Academia, ilustra la voz con ejemplos de Gómez de la Serna y de Moreno Villa.

No obstante, el anticlericalismo no es sólo español, se da en otros países de tradición católica, como Francia, Italia y Austria, y está en la raíz de algunos hechos, sobre todo políticos. Y no es menos cierto que tanto el clericalismo como su antítesis no resultan exclusivos del catolicismo. Parece claro que en la iglesia romana se da con mayor fuerza que en la ortodoxa y la anglicana, y en éstas más que en las evangélicas. Y en el cristianismo y el Islam, más que en el judaísmo. Pero Caro Baroja recuerda a los fariseos y aun "la acusación de Anytos contra Sócrates puede considerarse como un acto puramente "clerical". Anticlericales podían ser, en cambio, algunos pasajes de Petronio o Luciano referidos a la piedad pagana".

Teoría y método único

Todo esto se presta a fáciles conclusiones universales. El anticlericalismo tendría que ver con la existencia de sacerdotes o mediadores oficiales entre lo sagrado y lo profano, investidos de excesivo poder social. No es casual, como observa Jon Juaristi, que Israel ostente el anticlericalismo más fuerte en el seno del judaísmo, porque es en ese estado donde el rabinato ejerce atribuciones públicas, "que bien podrían calificarse de políticas", en el control de las costumbres.

Don Julio cuida de acotar el terreno. "El historiador debe empezar dibujando las formas concretas, y también tiene derecho a hacer la crítica de los que utilizan la Historia sin saber dibujar bien las formas. Eso no quiere decir que, además, no deba saber teorizar. Pero teorizar no es lo mismo que aplicar un método único a todo dentro de un sistema ideológico aceptado y a veces no bien soportado por verdaderas ideas, sino por esquemas ideológicos; lo cual no es lo mismo".

Un libro recomendable por sí mismo y por las circunstancias. Riguroso, magro, ameno, vuelve a las librerías en un momento curioso. Algunos responsables políticos parecen sorprendidos porque hay católicos descontentos con el gobierno. El reelegido presidente dijo que "la fe no se legisla", verdad tan cierta como que el BOE no regula el entusiasmo ciudadano, la credibilidad de los gobernantes, el bullicio colorista de las fiestas patronales, la "madrugá" sevillana y el sentido último de la existencia individual.

Parece reavivada la lucha entre sociedad secularizada y poder clerical, asunto históricamente complejo y muy matizable, como analiza el libro Religión y política en la España contemporánea, coordinado por Carolyn P. Boyd (Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2007, 18 ?). Pero ésta es ya otra historia, otro método y otras prosas, distintas a la de Caro Baroja.


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