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CULTURA Y SOCIEDAD

El cine español pierde a su mejor guionista

"Me considero una asistenta al servicio del director, que es mi señorito"

Actualizada Miércoles, 26 de marzo de 2008 - 04:00 h.
  • COLPISA. MADRID

Murió como vivió, discretamente. Hasta después de su incineración, ayer, no se supo que Rafael Azcona falleció el lunes en Madrid, a los 81 años, y perdiendo su batalla contra el cáncer de pulmón.

"El mejor guionista de Europa de su generación y el mejor que tenemos en España", en palabras del cineasta Luis García Berlanga, con quien formó una de la parejas de oro de nuestra cinematografía, fue un mago de la sátira y de su pluma, primero, y después de su ordenador, salieron los guiones de El pisito, El cochecito, Plácido, El verdugo, La escopeta nacional o Belle Epoque, títulos que cubren más de medio siglo de cine doméstico.

Como era su deseo y el de su esposa, Susie, al acto de cremación en el cementerio de La Paz, en la localidad madrileña de Alcobendas. sólo asistió su familia -su mujer, sus dos hijos y su hermana y su cuñado-, ni siquiera sus íntimos estuvieron presentes, confirma uno de sus mejores amigos, el director José Luis García Sánchez.

"Ha sido un grupo reducidísimo. No hemos ido ni sus compañeros. Ahora hay que hacerle un homenaje. Como no tiene la Medalla de Oro de la Academia, pues sería una buena ocasión para juntarnos, recordarle y beber vino", expresa García Sánchez, para quien Azcona ha sido "una de las personas más importantes que he conocido.

García Sánchez recuerda que el guionista murió escribiendo porque, adaptó la novela que José Luis Cuerda ha llevado a fotogramas, Los girasoles ciegos; terminó el guión de una de sus primeras novelas, Los muertos no se tocan, nene; y acababa de reescribir su primera novela, Los ilusos, que se lanzará pronto.

Una fotografía tomada el pasado verano, en Almería, junto a varios de sus amigos, entre los que se encontraba Manolo Gutiérrez Aragón, en la que todos están "muertos de risa" es la mejor presencia que, para García Sánchez, se puede tener del veterano guionista, que pidió que un notario fuera a su casa para votar el pasado 9 de marzo. "

Ferreri, Saura, Berlanga, Olea, Trueba, Chávarri, Gutiérrez Aragón, Bardem y Fernán Gómez, son sólo algunos de los muchos directores con los que colaboró Azcona, de quien no hay muchas fotos y apariciones públicas, y mucho menos entrevistas, aunque en los últimos años este indispensable del cine español parecía haber superado su timidez.

En el mundo del celuloide su nombre siempre se ha dicho con gran cariño hacia la persona y con admiración hacia su obra.

El humor, tabla de salvación

Azcona nació en 1926, en Logroño, donde iba a los toros y leía mucho, y a fuerza de leer le dio por escribir, por lo que se fue a Madrid para ver si se ganaba la vida escribiendo. Quiso ser poeta y también novelista, pero dejó los versos por el humor, lo suyo, aunque antes colaboró en programas de radio y revistas, y ejerció de escribiente en un almacén de carbones.

Ya en Madrid, comenzó a colaborar con la revista satírica La Codorniz. "Empecé a escribir cosas divertidas sobre cosas tristes", rememoraba Azcona , que entró en el cine y se quedó cuando sus relatos fueron descubiertos por el director italiano Marco Ferreri, para quien creó El pisito, el primer libreto que escribió, y El cochecito. Pero, según sus palabras, no se consideró guionista hasta Plácido, de Berlanga.

Convertidos en películas, suyos son los textos de El verdugo, La escopeta nacional, La vaquilla, La prima Angélica, ¡Ay Carmela!, La niña de tus ojos y La lengua de las mariposas, entre otros muchos títulos que le valieron seis Goya, uno honorífico que no recogió porque su "patológica timidez", apuntaban sus conocidos, le impedía ir a esos actos. También tenía el Nacional de Cinematografía.

También se asomó al teatro y a la televisión, pero este flemático riojano para quien el humor era fundamental no hizo otra cosa de cine, mundo del que estaba esperando que lo echaran, decía con ironía este profesional que debutó en la novela con El repelente niño Vicente y Los muertos no se tocan, nene -historia que José Luis García Sánchez tiene intención de adaptar al cine-, obras a las que siguió Los europeos.

En la vida de Azcona, que se convirtió en escritor "para no ser contable", el humor tenía un papel fundamental. "Es lo que nos salva y salvará", siempre decía el gran escritor del cine español, que rememoraba que a las pocas horas de la muerte de su padre, "a quien adoraba", ya estaba riendo. "Aquello me salvó de haber muerto de tristeza", aseguraba.


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