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MANUEL HIDALGO ESCRITOR

"Reflejo una parte de la sociedad"

"Un escritor que hace novela realista debe inyectar a su realismo una verdad que esté de acuerdo con su tiempo"

Actualizada Martes, 25 de marzo de 2008 - 04:00 h.
  • M.A.E. . MADRID .

Manuel Hidalgo anda estos días de acá para allá de la geografía española presentando su nueva novela, Lo que el aire mueve, I Premio Logroño de Novela. En Madrid fue un buen amigo suyo, el también escritor Manuel Longares, el encargado de presentarle ante un publico muy especial.

En el Círculo de Bellas Artes de Madrid, Hidalgo reunió amigos de los cuatro puntos cardinales del universo en el que habitualmente se mueve: el periodismo, el cine, la literatura y los navarros de Madrid, estos últimos congregados a su vez por el delegado del Gobierno foral, Salvador Estébanez que oficia de correa de transmisión entre los navarros. Allí estuvo acompañado del director de cine Montxo Armendaríz y la productora Puy Oria y el escritor Ramón Irigoyen y el productor teatral y actor Javier Ortiz y varios navarros mas interesados por la literatura.

Vea lo que dicen los críticos (Santos Villanueva en El Mundo) de su libro: "Hidalgo hace un costumbrismo incisivo y penetrante que va sacando a la luz rasgos característicos de nuestra sociedad: el sexo, las relaciones de pareja, los celos, los modos de vida de gentes humildes, el fondo subterráneo oculto en existencias apacibles, la cruda prosa de la vida y la poesía de la idealidad". ¿Es así?

Es así en tanto que reflejo un mundo real, el de un sector de la juventud española, esos chicos que viene a la capital de los pueblos a buscarse la vida sin respaldo alguno, sin formación, sin certezas ni objetivos, a merced de todos los vientos...

¿De ahí el título: Lo que el aire mueve?

Sí porque el viento que sopla en una ciudad como Madrid puede ser helador, arrasador. Hace falta mucha solidez para hacerle frente y estos muchachos que deambulan por mi novela carecen de todo abrigo. Deformados por la televisión y nada formados por la escuela, escapan del pueblo para buscarse la vida en la gran ciudad. Llegan cargados de sueños imaginarios que han mamado del cine y la televisión y se dan de bruces con la dureza de la vida. Carecen de todo modelo válido y no saben como afrontar las dificultades. De ahí que, impacientes, busquen atajos para solucionar sus problemas de dinero y perseguir su sueño.

El atajo en que usted les introduce es todo un atraco.

La búsqueda del dinero fácil les lleva a trazar un plan descabellado. Con el atraco se consolida la presencia del delito y de la violencia en la novela porque yo creo que justamente el delito y la violencia son los componentes de la enfermedad moral de esa parte de la sociedad que refleja la novela .

Longares se preguntaba en la presentación de su novela si no estaría en el pueblo el abrigo que buscaban...

Para nada. Esos grandes pueblos que hoy rodean las grandes ciudades están ya contaminados con lo peor de las ciudades. No parece que haya solución para estos chicos, esa es la verdad de mi novela. Sé que es una novela dura pero sé también que junto a esa dureza he querido recoger también momentos de ternura , de inocencia y amor, y de buena voluntad también, y de compasión, y hasta de humor.

Los chicos que usted describe son reales: te los encuentras por el metro, en los concursos de la tele, en las plazas de los botellones... ¡Qué buen oído tiene usted para captar el peculiar español de estos muchachos callejeros!

Es fácil escucharles porque están por todas partes, es verdad. De todas formas juega a mi favor la estructura que he dado a la novela, la rapidez narrativa, las frases cortas, la prepotencia del diálogo...

Puro guión cinematográfico del que usted es buen maestro.

No es sólo por el cine. Es por mi amor a los escritores realistas españoles. Galdós tiene mucho dialogo, Ferlosio también, y el primer Marsé lo tiene igualmente. El diálogo me sirve para imprimir al relato ritmos y tiempos más propios del presente. Yo sé que el diálogo se me da bien pero yo no pretendía en esta novela que el dialogo actuara de puente entre situaciones. Buscaba un empeño mayor: quería que el diálogo fuese el alma misma de las situaciones. Creo que un escritor de mi generación que hace novela realista debe inyectar a su realismo una vitalidad y una verdad que esté de acuerdo con su tiempo, con este tiempo nuestro de aquí y ahora.


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