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LA CONTRACRÓNICA TOÑO SANZ

Costaleros cuesta abajo

Agotados de pasear pasos al paso por Sevilla, no mostraron ánimo ni para portear buñuelos de viento.

Actualizada Lunes, 24 de marzo de 2008 - 04:00 h.

A BRIÓ el telón la primavera y sobre el escenario apareció el invierno. Sujetar las mandíbulas costaba lo suyo en las gradas del Reyno de Navarra. Digo yo que si esto del calentamiento global va a seguir desorientando borrascas y vamos a tener que morir de frío amarrados al plástico del asiento, yo me pido cuidados paliativos.

ABRIÓ el telón la primavera y sobre el escenario apareció el invierno. Sujetar las mandíbulas costaba lo suyo en las gradas del Reyno de Navarra. Digo yo que si esto del calentamiento global va a seguir desorientando borrascas y vamos a tener que morir de frío amarrados al plástico del asiento, yo me pido cuidados paliativos. Múltiples: Un gol cada diez minutos para aplaudir compulsivamente, lecheras de carajillo, cubatas de anticongelante, profesionales de la bronca repartidos por las gradas e, incluso, ¿por qué no?, uno de aquellos obsoletos sistemas de calefacción que se utilizaban en los antiguos estadios soviéticos.

El espectáculo de ayer, que tuvo más de las dos sílabas finales que de las tres primeras, calentaba menos que una manta del ejército. El Betis se paseó por el césped con aire inofensivo e indefensivo. No corrían ni para quitarse el pasmo de haber aterrizado en los aledaños de Siberia. Agotados de pasear pasos al paso por Sevilla, no mostraron ánimo ni para portear buñuelos de viento. Sin embargo, portearon: dieron un golpe, uno solo, en la puerta de Ricardo y pasaron el costal del olor a descenso a los hombros de los costaleros osasunistas. Prácticamente dormidos durante todo el partido, despabilaron durante medio minuto en la segunda parte y dejaron a dos velas a los de Ziganda.

A partir del gol, el Betis hizo de Osasuna: renunció a visitar al portero rival y se dedicó a perder tiempo con contumacia. En la última media hora, se cayeron al suelo más que los toros sin casta (por cierto, Casto, el portero verdiblanco, fue uno de los que más afición mostró a sentir la yerba bajo su cuerpo). ¿A que jode ver cómo el rival se desentiende del partido y sólo busca hacerle muescas al cronómetro de la manera que sea? Desquicia. Tanto que hasta Javi García perdió el oremus, placó a un rival bético como si estuvieran en una lona de lucha libre y se fue hacia las duchas, no sé si a entrar en calor o a enfriarse. Para ambas cosas había motivos, que todos nos fuimos helados, pero ardiendo.


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