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TERRORISMO

Navarros entre los afectados

Jesús Jiménez Pérez, José María Munilla Esparza y Gloria Navarro Monasterio son tres de los perjudicados

Actualizada Domingo, 23 de marzo de 2008 - 04:00 h.
  • M. M. E. . CALAHORRA

José María Munilla Esparza, Jesús Jiménez Pérez y Gloria Navarro Monasterio son tres de los cerca de 2.000 navarros que residen o trabajan en Calahorra, con 24.000 habitantes, y que el viernes vivieron muy de cerca el atentado. A los dos primeros les ha dejado huella con importantes desperfectos en sendos comercios familiares, no así a la última, que sin lamentar daños se sumó al clima de preocupación y condena del atentado.

A 150 metros. A esta distancia, justo detrás del cordón policial, José Mari Munilla Esparza fue el viernes testigo directo del atentado. Presenció el momento de la explosión y 24 horas después tiene muy grabadas en su retina las escenas de pánico que se sucedieron a su alrededor durante los minutos posteriores. "Yo no sabía cómo reaccionar. Fueron unos instantes de auténtico pánico y angustia", aseguró.

Munilla, agricultor y natural de Pamplona de 50 años, se encontraba en su domicilio cuando el sonido de varias sirenas sobre la una y media de la tarde despertó su alarma. "Entonces me di cuenta de que algo no iba bien. Eché las persianas y bajé a la calle con la intención de meter mi coche al garaje, pero las fuerzas de seguridad no me dejaron cruzar el cordón policial", recordó. Su edificio no fue desalojado pero, según indicó, sí se notó en él la fuerza de la onda expansiva. "Se me cayó un foco y a mi mujer y mi suegra las desplazó varios centímetros. Sí hubo más daños en los locales comerciales de la planta baja". También resultó afectado un establecimiento de alimentación, propiedad de su cuñado, cuya luna no soportó la fuerza de la detonación. "La actuación de las fuerzas de seguridad fue excelente y ellos evitaron que el atentado se saldara con víctimas", consideró.

Los cristales de la Floristería Erga, en la calle Julio César (paralela a General Gallarza), tampoco resistieron. Jesús Jiménez Pérez, su dueño y natural de San Adrián, estaba en la calle paseando a su hija en el momento de la explosión. "Ví la calle cortada a 20 metros de mi portal y salí corriendo en el sentido contrario. Mi niña rompió a llorar en el momento de la explosión y entonces llamé a mis familiares para asegurarme de que todos se encontraban bien. Me temblaba hasta la voz.", contó. La bomba ha destrozado la cristalera de su local, que ya han tapado con paneles de madera. "Ahora tendremos que arreglarlo todo, pero lo que se pueda solventar con dinero. Eso sí, el susto es lo que se queda y mucha impotencia", garantizó.

Nada más enterarse de la noticia, Gloria Navarro Monasterio, natural de San Adrián, acudió a Calahorra para conocer de primera mano el alcance del suceso. Su comercio textil, en la calle Bebricio, una paralela al lugar del atentado, no resultó afectado y las prendas únicamente tenían algo de polvo encima. "La gente dice que fue impresionante y, aunque no me ha tocado a mí directamente, sí estoy algo preocupada. Lo importante es que no se ha cobrado vidas", señaló. En su localidad natal, a cuatro kilómetros de Calahorra, se escuchó en algunos puntos la detonación, del mismo modo que en Azagra, cuatro kilómetros más alejada.


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