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Tres relatos de la bajada del Ángel

Tres autores del siglo XVIII cuentan en sus relatos cómo era entonces el acto más significativo de la Semana Santa tudelana: el encuentro entre la Virgen María y el ángel que le anuncia la Resurrección de Cristo.

Actualizada Domingo, 23 de marzo de 2008 - 04:00 h.
  • RICARDO FERNÁNDEZ GRACIA . PAMPLONA.

COMO es sabido, la cofradía del Santísimo Sacramento de la capital de la Ribera, fundada en plena Edad Media, tenía como principal fin, en palabras de Juan Antonio Fernández "procurar el mayor culto del Santísimo Sacramento del Altar, en que se emplea perennemente".

Antes y ahora la imagen de la Inmaculada Concepción, venerada en la capilla del Espíritu Santo, viene protagonizando los actos de la mañana del día de Pascua Florida, al salir al encuentro del Santísimo Sacramento y quitarle el velo que cubre su rostro un ángel que baja de las alturas, conducido a través de una maroma.

No debe extrañar que el encuentro que protagoniza el festejo, no se produzca entre dos imágenes, como cabría pensar. Sólo una imagen acude a la cita, la de la Virgen, ya que Cristo Resucitado no necesita efigiarse en simulacro alguno, puesto que está presente en la Sagrada Forma que camina triunfalmente en el viril del ostensorio. Precisamente el misterio eucarístico hizo que las imágenes del Resucitado no fuesen lo abundantes que cabría suponer en la iconografía católica postridentina.

El festejo de la bajada del ángel se celebró en la Plaza Vieja hasta 1851, año en que el Ayuntamiento expuso a la cofradía del Santísimo Sacramento que por tener la fachada del Ayuntamiento en ruinas y por ser pequeña la plaza para el gran concurso de gentes forasteras y de la ciudad que acudían al acto festivo-religioso, sería conveniente su traslado a la Plaza Nueva, como se hizo.

Una Relación de 1772

Una breve relación de esta función en pleno siglo XVIII, nos proporciona el informe sobre cofradías de 1772, conservado en el Archivo Histórico Nacional, en donde leemos, en relación con la del Santísimo Sacramento: "El sábado santo por la tarde, sale desde la Colegial una imagen de la Purísima Concepción en procesión con dicha luminaria que llevan los cofrades y concurren a la Sala Capitular de la ciudad. Y el domingo de Resurrección, al amanecer, salen de la iglesia colegial, el Cabildo, la ciudad, los cofrades en procesión con el Santísimo y al llegar al determinado sitio, se saca de la casa de la ciudad en procesión la imagen de María Santísima, cubierto el rostro con un velo y al acercarse el Santísimo le quita el velo un niño vestido de ángel que desciende por una maroma y sigue la procesión hasta la colegial, en cuya función quema la cofradía un árbol de fuegos y cohetes y sigue la función, con cuya misa cantada en el altar mayor por el Cabildo, con sermón".

Del Ángel al Volatín

Juan Antonio Fernández, archivero y erudito historiador del siglo XVIII, afirma que la cofradía no tenía "en lo antiguo", capilla, altar ni imagen propia para sus procesiones, añadiendo que en 1678 se litigó un pleito sobre la posesión de la imagen, tras el cual la cofradía decidió encargar una propia que costó 711 reales. El autor del retablo fue el escultor Diego Gutiérrez por el que cobró 30 pesos, que fueron abonados por los procuradores de la parroquia en junio de 1744.

El mismo Juan Antonio Fernández es el autor de un dibujo, conservado en uno de los libros de la Cofradía, en el que ingenuamente, trató de transmitir cómo era aquella ceremonia, muy querida en su tiempo y sentida como algo identitario de la capital de la Ribera.

El dibujo presenta el paso de la procesión por delate de la capilla de Santa Ana y la torre catedralicia, camino del Ayuntamiento, de cuyos balcones ha descendido el ángel por una maroma para quitar el velo a la Virgen. El cortejo se abre por la cruz procesional que porta un diácono, la capilla de música con cantores e instrumentistas, el cabildo con hábitos corales, un niño vestido de ángel con la bandera de la Cofradía, el paso procesional de la Virgen portada por clérigos con roquetes y mucetas y, finalmente, un turiferario, el palio con el Santísimo y el Regimiento con traje de golilla.

En el texto redactado por el mismo Juan Antonio Fernández, en 1787, leemos: "El Sábado Santo por la tarde, después de cantadas las Completas van el canónigo o racionero vicario con cuatro capellanes y los músicos de instrumentos a la capilla parroquial de la misma Iglesia, donde están prevenidos los cofrades del Santímismo Sacramento. Allí toman los cuatro capellanes la imagen de la Purísima Concepción y precedidos de un muchacho vestido en figura de ángel que lleva un pendoncillo con la insignia del Santísimo Sacramento, a quien siguen los cofrades con hachas encendidas, la música y el vicario expresado, vienen procesionalmente a las Casas Consistoriales, en cuya sala baja que se desocupa para este efecto, colocan la Santa Imagen, donde permanece hasta la mañana del domingo inmediato, en que sale el Cabildo de la catedral, la Ciudad y cofradía en procesión con el Santísimo Sacramento, en punto de las seis de la mañana, con repique general de campanas [...] y dando vuelta por la calle del Almudí, se dirige a la Plaza. Al llegar a ésta, para la procesión y la imagen de Nuestra Señora que llevan en ella cubierta con un velo negro, la ponen frente a la casa de la Ciudad, y entonces, corriendo unas cortinas de uno de los balcones de la mencionada casa aparece el que hace de ángel colgado de un globo o nube que, por medio de unas maromas y tornos, baja del balcón con un hacha encendida en la mano, a donde está Nuestra Señora y, haciendo su reverencia, al llegar cerca le corre y quita el velo negro que le cubre el rostro (significativo de la tristeza que padeció en la Pasión de su Santísimo Hijo Nuestro Redentor) y con demostraciones de mucha alegría se vuelve al mismo balcón con el artificio referido de donde baja al punto y llevando consigo el dicho velo y pendoncillo, se incorpora en la procesión y ésta [...] se restituye a la catedral [...]. Todo el tiempo que ésta dura y el día antecedente, desde que se tañen las campanas a Gloria, se divierte al público con un volatín de madera que da vueltas en otro de los balcones de la Ciudad. Antes de prohibirse los fuegos artificiales, costeaba la cofradía un árbol de fuego que, con los cohetes que se quemaban durante la función, ascendía a doscientos reales.

Los fuegos artificiales

Por lo que respecta a los fuegos y pólvora, tenemos noticias, así como de sus autores. Entre ellos destacaron los preparados por Agustín de Castro en 1656, cuando fue acusado de no haber cumplido con su obligación al no haber incorporado tantos volapiés, cohetes, palomas y caballos de fuego, como era su obligación y había hecho en el año precedente. El hecho dio lugar a un pleito en el que muchos miembros de la cofradía, como los retablistas Sebastián de Sola o Francisco Gurrea testificaron contra el maestro que los recusó por diversas razones. Resulta curioso que en las declaraciones de varios testigos, entre ellos, los ayudantes de Agustín de Castro, se insiste una y otra vez en que el maestro de fuegos artificiales trabajaba sólo la manipulación de la pólvora, para que nadie aprendiese sus secretos.

Versión de un canónigo

En las Instrucciones del doctoral don Joaquín de Conejares, en aras a la redacción de un reglamento para el cabildo tudelano, se describe la función, con lo que poseemos tres relatos de la misma prácticamente simultáneos: el del informe de cofradías, el dibujo de Juan Antonio Fernández, ya vistos y el del doctoral tudelano que reza así: "En el día primero de la Pascua de Resurrección a las seis de la mañana celebra el Cabildo procesión solemne llevando en ella al Señor Sacramentado. Va esta procesión por la calle Almudí a la Plaza, a la que en llegando sacan de la Casa Consistorial de la ciudad a Nuestra Señora cubierta con un velo. Los hermanos o cofrades del Santísimo Sacramento dirigiéndose a su Santísimo Hijo. Al estar Nuestra Señora cerca del Señor, hacen bajar con maromas un muchacho vestido de ángel, quien con una hacha en la mano y con las reverencias debidas le quita el velo y es restituido a donde salió precipitadamente en fuera de la maroma. Bajando el ángel a la plaza y tomando en sus manos el pendón del Santísimo, continúa la procesión con el Señor y su Madre por las calles de la Cárcel, Rúa, Merced y Lagos, hasta introducirse por la puerta de la Virgen del Portal. Luego que llega se reserva el Señor y colocada Nuestra Señora en el lado del Evangelio se canta luego una misa solemne con sermón que predica el ordinario, anunciando en él el misterio de la Resurrección. A toda esta función asiste la ciudad en cuerpo alumbrando al Señor con cirios".


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