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TIERRAESTELLA

Historia femenina en 50 labores

La vecina de Logroño María Jesús Romero Ruiz de Gopegui ha montado en Bargota una exposición que revela a través de la aguja aspectos de la situación de la mujer en el siglo XIX y principios del XX

Actualizada Jueves, 20 de marzo de 2008 - 04:00 h.
  • M. M. E. . BARGOTA

EL arte de la aguja y del encaje es el título con el que la vecina de Logroño María Jesús Romero Ruiz de Gopegui presenta estos días en Bargota una exposición que hace un recorrido por el siglo XIX y primer tercio del XX de las labores que ocupaban entonces a las mujeres.

Un homenaje, en definitiva, al trabajo de este colectivo, que da prueba de sus cambios en función del estatus social y a medida que adquirían más conocimientos y cultura, según asegura la propietaria de la colección.

La muestra pretende transmitir este mensaje a través de más de 50 piezas, adquiridas en su mayoría en anticuarios o en comercios de segunda mano, con la idea de comunicar valores y conservar también este tipo de patrimonio. "Empecé a recopilar indumentaria femenina porque es una manera de reivindicar la situación de la mujer. Su exposición es una opción de darlo a conocer de manera muy pedagógica, aunque a veces la gente no recabe en ello y se quede sólo en lo estéticamente bonito", opinó.

La exposición, abierta al público en el consistorio hasta el día 24, aglutina trabajos de encaje y bordados desde la primera etapa de las mujeres, cuando eran materia escolar. De este periodo se recogen trabajos de vainicas, ganchillo, punto de cruz y cadeneta. Todas estas técnicas forman parte también de algunos de los muestrarios, que dan paso después en protagonismo a los abecedarios, sobre los años 1840. "Su incorporación es signo de que la mujer ya sabía leer y escribir", apuntó Romero, que dio fe de las horas que se dedicaban entonces a estos trabajos. "No había televisión y cuanto más laboriosos fueran mejor".

Utensilios de la época

Dentro de los modelos de bordados expuestos, se percibe una diferenciación clara en su autoría. "Los que hacían las señoras acomodadas eran más eruditos. Imitaban la naturaleza con fuerte realismo y tenían también influencias orientales", explicó. También hay ejemplos de costumbres muy populares como la de confeccionar velos y redecillas, ya en el siglo XX. Las almazuelas, elaboradas con pedazos de tela, son signo también del pasado, tiempos en los que no se desechaba nada y los retazos se aprovechaban para hacer adornos que servían después para guardar cartas, relojes de bolsillo o cepillos para la ropa.

Los materiales también son diversos y van desde el lino, el hilo, el algodón, la seda, la lana o la piel hasta el pelo de cabra. Todas las piezas son manuales, salvo un bordado y un encaje, que son mecánicos. "No por eso menos valiosos, porque este avance llegó en 1840", argumentó. La muestra se completa con utensilios de la época. Hay bastidores rectangulares del siglo XIX, mundillos, agujas, cajas con rodillos para marcar y hasta revistas antiguas de labores.


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