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CON EL MANDO EN LA MANO JOSÉ JAVIER ESPARZA

CID

La serie documental de La 2 sobre el Cid es un programa oportuno, serio, culto e interesante. Sin embargo, resulta un tostón, porque está narrada con el mismo sentido del lenguaje audiovisual que se tenía hace 30 años.

Actualizada Jueves, 20 de marzo de 2008 - 04:00 h.
  • TELEVISION@DIARIODENAVARRA.ES

L A 2 estrenaba el martes, en horario de privilegio, la serie documental El camino del Cid. En 2007 se cumplieron ochocientos años de la fecha convencionalmente aceptada para datar el primer vestigio del Cantar de Mío Cid: 1207, según indica la primera copia que ha sobrevivido, que es del siglo XIV. El Cid, Rodrigo Díaz de Vivar (1048-1099), es el héroe del medioevo español por antonomasia y el Cantar es una pieza importantísima de la cultura ya no española, sino europea.

Esta serie, El camino del Cid, es una producción de Sateco Documentalia para TVE y trata de ser la aportación de la cadena pública a esa efeméride. Son ocho capítulos de recorrido histórico y geográfico de la mano del actor Manuel Galiana. La ha dirigido Francisco Rodríguez. Es una serie oportuna, decente, seria, digna, interesante, culta. Pero El camino del Cid, que tiene todas estas virtudes, tiene sin embargo un defecto mayor: es un tostón. Y no porque no haya materia, ni porque esté mal hecha, sino porque está concebida con las mismas hechuras que se aplicaban a este tipo de productos hace treinta años, con un sentido del lenguaje audiovisual completamente superado ya. Largos planos con paisajes estáticos; imágenes fijas en piedras, muros o monumentos; lento caminar del narrador por algún escenario histórico; apacibles entrevistas de gente sentada; al fondo, voz en off de ritmo tranquilo y dicción tan pulcra como mortecina. Compárese el producto con cualquier documental de tema histórico como los que nos trae la BBC: en éstos hay reconstrucciones de batallas, dramatizaciones de episodios significativos, recurso permanente a la informática para recrear mapas o secuencias Con todas esas cosas se consigue que la divulgación cultural sea entretenida, atractiva y hasta apasionante. Apenas nada de ello se ve en este Camino del Cid, donde visiblemente el Cid importa menos que el Camino.

¿Error de enfoque? No. Me temo que, más bien, carestía de presupuesto. Llama la atención que la cadena pública nos proponga un relato sobre el camino de un héroe medieval, de un guerrero de otro tiempo, y el resultado se parezca más a un publirreportaje turístico que a una narración de base histórica o literaria. Manuel Galiana pisa suelo, nos enseña hermosos paisajes, departe con afamados cocineros o visita monumentos. ¿Y el Cid? Una sombra. Fue Costa quien dijo que había que echar siete llaves al sepulcro del Cid, y Ortega le refutaba que aquello era como coger el rábano por las hojas, o sea, hacer las cosas al revés de como hay que hacerlas. Aquí ya nadie se acuerda de Costa ni de Ortega, y, por lo que se ve, mucho menos del Cid, al que Hollywood sacó más partido que la industria nacional. Una lástima.


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