Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página Hemeroteca Edición impresa
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete

La Hemeroteca
    Navarra
MÚSICA FERNANDO PÉREZ OLLO

Cruz y cara de una velada con cuarteto

Actualizada Jueves, 20 de marzo de 2008 - 04:00 h.

E L cuarteto es "conversación de cuatro personas razonables", según Goethe, o amistosas, como prefería Stendhal, definiciones quizá inevitables, por el prestigio de quienes las estamparon, pero metafóricas desde el punto de vista propio, es decir musical. La esencia de esta formación, como escribe Bernard Fournier, consiste en que cuatro instrumentos de la misma familia, similares y complementarios, se asocian de modo que formen uno solo.

"Objetivo exaltante, pero también qué arriesgado, sólo encarado siglo y medio después de que apareciera la familia de los violines, y que necesitó el genio de un hombre, Joseph Haydn, para que naciera y se desarrollara un género pronto elevado a ideal intelectual, tanto estético como espiritual para cada una de las partes concernidas, el compositor, los intérpretes y el público". Desde la séptima década del siglo XVIII, el cuarteto es uno de los géneros mayores en la música -para muchos, el supremo- y ocupa un lugar privilegiado en la historia de este arte por "su diálogo íntimo, el discurso introspectivo y reflexivo, además de ser un medio de exploración y experimentación con un papel a veces crucial en la evolución de las formas y del lenguaje musicales". Mediante el cuarteto los grandes compositores -de Haydn, Mozart y Beethoven a Shostakovich, Nono y Ligeti- han expresado su hondón personal y no menos el espíritu coetáneo. Pero no todos. Algunos no dominaron la especificidad de escritura del cuarteto -Schumann, por ejemplo, pianista ante todo, Prokofiev, Richard Strauss y aun Stravinsky-, pero otros, quizá no tan deslumbrantes, sí. Borodine o Zemlinsky, valga el caso.

Anteayer, los tres nombres eran indiscutibles y el programa, con la modificación de última hora, ganó. La velada, no sé. Haydn y Mozart se resienten mucho a la menor deficiencia sonora y musical y las versiones de los dos mostraron algunas. La inestabilidad de la afinación fue un problema permanente, la suciedad o, si se prefiere, la confusión de los instrumentos graves en no pocos pasajes y líneas también y, en fin, la corta gracia y la sonoridad anodina -pero ácida en las notas altas- condicionaron de forma negativa la musicalidad transparente y luninosa de las versiones. Aburrirse con Haydn y Mozart, es grave.

El primero de los "cuartetos Rasumowski" fue otro mundo. El grupo intérprete sonó distinto y la permuta de puestos en los violines, creo, no basta para explicar el cambio, advertido desde los cuatro compases iniciales del tema expuesto por el chelo, quizá no con la dulzura que indica Beethoven, pero sí con más fuerza y plenitud que las dos primeras obras. No fue una version memorable, pero levantó la tarde.


Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual

Continuar

Estimado lector,

Tu navegador tiene y eso afecta al correcto funcionamiento de la página web.

Por favor, para diariodenavarra.es

Si quieres navegar con muy poca publicidad y disfrutar de toda nuestra oferta informativa y contenidos exclusivos, tenemos lo que buscas:

SUSCRÍBETE a DN+

Gracias por tu atención.
El equipo de Diario de Navarra