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CRÍTICA DE CINE MIGUEL URABAYEN | CERRANDO EL CÍRCULO

El precio de una promesa

Actualizada Miércoles, 19 de marzo de 2008 - 04:00 h.

L OS datos de la ficha parecen prometer una película interesante por dos motivos principales. Primero, el director es Richard Attenborough, con más de sesenta títulos en su filmografía de actor y una docena como realizador, cifra corta esta última pero con obras de gran calidad. Entre ellas, su versión cinematográfica sobre la vida de Gandhi que en 1982 consiguió ocho Oscar, incluidos el de mejor película y mejor director.

Su gusto por las biografías en la pantalla se había demostrado ya con El joven Churchill y más tarde con Chaplin. Como premio a su larga y variada carrera en ambos campos fue ennoblecido en 1993 por la reina de Inglaterra, por lo que ahora es sir Richard Attenborough.

Aunque tiene interpretaciones más notables, los aficionados jóvenes le recordarán como el anciano y poderoso John Hammond, creador del Parque Jurásico de la película de ese título que Steven Spielberg realizó en 1993. Y en su otra vertiente, por haber dirigido Buho Gris, con Pierce Brosnan, hace siete años.

El segundo punto del interés previo que despierta Cerrando el círculo es la pareja Shirley MacLaine/Christopher Plummer cuyos nombres encabezan el reparto. Ambos son grandes veteranos, de largas filmografias, y casi todos los aficionados podrán recordar alguna película en la que hayan intervenido. En el caso de ella, los recuerdos pueden ir hasta los años setenta y sesenta, en los que obtuvo grandes éxitos. A Plummer lo vemos ahora con frecuencia en papeles más o menos largos -por ejemplo, en Plan oculto- en los que actúa siempre con acierto y naturalidad.

Ahora bien, una cosa es que algunos nombres del cartel de la película sean atractivos para el aficionado y otra que responda a la expectación suscitada. En este caso la diferencia se va haciendo más perceptible conforme avanza la acción. Mejor dicho, la doble acción. Cerrando el círculo ocurre en dos planos temporales separados por cincuenta años, 1941 y 1991. La acción en ambos pasa varias veces de Estados Unidos a Irlanda y muestra la relación de tres jóvenes aviadores militares con una hermosa muchacha, llamada Ethel Ann (interpretada por Mischa Barton) de la que están enamorados. Pero son buenos amigos y dos de ellos aceptan sin protesta que ella elija al tercero.

En el plano de 1991 la acción comienza en un funeral y vemos a Ethel Ann con rostro impasible y poco o nada afectada por la muerte de su marido. Tanto que el único superviviente de los tres amigos le reprocha su falta de sentimiento. Simultáneamente, en Irlanda un hombre está cavando en la colina donde durante la guerra se estrelló un bombardero norteamericano B-17, muriendo toda la tripulación.

Los cambios de escenario y de tiempo no impiden que la acción desarrollada sea clara y comprensible debido a que los personajes son interpretados por actores distintos según el año de la acción (véase ficha). Lo que sí resulta discutible es que el actor y guionista Peter Woodward haya elegido el tenso ambiente de Belfast en la Irlanda de 1991 para una parte del argumento. E incluso para el personaje decisivo, un joven llamado Jimmy sospechoso a los dos bandos al excavar en la montaña del accidente aéreo que, al mismo tiempo, es el lugar utilizado por el IRA para entierros clandestinos. Cierto, ese ambiente potencialmente mortal se aprovecha en las escenas finales pero al precio de que parezca demasiado rebuscado y artificioso.

En cierto modo también lo es la película que, conforme se desarrolla, va pareciendo un drama romántico de los de hace cincuenta años, precisamente. Y ese carácter de cine antiguo puede tener mucha relación con la sensibilidad actual de Richard Attenborough que cumplió 84 años durante el rodaje. Por un lado, uno se admira de su vigor al haber podido realizar una película a tan avanzada edad. Por otro, los aficionados que recuerdan su filmografía echan de menos la calidad de sus mejores obras.

Un aspecto ambivalente de Cerrando el círculo es que el argumento puede ser contemplado tanto como una historia romántica de fidelidad a un recuerdo como una exposición de la crueldad en seguir siendo fiel a una antigua relación sentimental. Porque al encerrarse Ethel Ann en su dolor ha estropeado su vida y también las de otras personas. Solo una muerte violenta que ocurre ante sus ojos la hará reaccionar, con medio siglo de retraso.


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