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A LA ESCUADRA

El borrón de una afición ejemplar

Actualizada Martes, 18 de marzo de 2008 - 04:00 h.
  • FERNANDO CIORDIA

S ER rojillo es desplazarte junto a un millar de aficionados a más de 300 kilómetros; es cantar a tu equipo y corear a los jugadores en el viaje de ida, por la calles de la zona antigua de Valladolid o en los autobuses que llevan al Nuevo Zorrilla; es respetar las procesiones de Semana Santa de la ciudad y aparcar por unos momentos los instrumentos de la charanga; es bailar el Paquito el Chocolatero en la grada o entonar un Riau-Riau que pone los pelos de punta; es colorear de rojo una parte del estadio del rival, recibir a tu equipo en el calentamiento con los honores del campeón y corear a los suplentes que se ejercitan tras el partido cuando el campo está vacío; es regresar de noche a casa tras haberte tragado un bodrio de partido y tener que madrugar horas después; ser rojillo es, en definitiva, compartir vivencias, cañas, abrazos, impresiones, saludos y canciones como si estuvieras rodeado de hermanos.

SER rojillo es desplazarte junto a un millar de aficionados a más de 300 kilómetros; es cantar a tu equipo y corear a los jugadores en el viaje de ida, por la calles de la zona antigua de Valladolid o en los autobuses que llevan al Nuevo Zorrilla; es respetar las procesiones de Semana Santa de la ciudad y aparcar por unos momentos los instrumentos de la charanga; es bailar el Paquito el Chocolatero en la grada o entonar un Riau-Riau que pone los pelos de punta; es colorear de rojo una parte del estadio del rival, recibir a tu equipo en el calentamiento con los honores del campeón y corear a los suplentes que se ejercitan tras el partido cuando el campo está vacío; es regresar de noche a casa tras haberte tragado un bodrio de partido y tener que madrugar horas después; ser rojillo es, en definitiva, compartir vivencias, cañas, abrazos, impresiones, saludos y canciones como si estuvieras rodeado de hermanos.

En cambio, ser rojillo no es reventar un minuto de silencio al grito de "españoles, hijos de puta", "independentzia" o "jo ta ke irabazi arte". Las primeras acepcionesde ser rojillo se cumplieron a rajatabla en el 99% de los aficionados osasunistas que estuvieron el domingo en Valladolid. Sin embargo, ese 1% restante que se dejó notar bastante en el Nuevo Zorrilla mancha el comportamiento de una afición ejemplar. Son minorías, pero al fin y al cabo dañan la imagen.


Comentarios
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  • Es una vergüenza que un club permita que cierto sector de su afición manche la imagen de la mayoría de los seguidores rojillos. Yo estuve en Zorrilla con unos amigos y pasé vergüenza. La mayoría les llamamos la atención por su intolerancia, pero les dio lo mismo. Para colmo, ni siquiera cantaban a coro con el resto de los que allí estábamos. Eso no es afición, es afán de dar la nota.Osasunista

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