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EL ASPECTO

Dificultades añadidas

No todo jugador, nuevo o veterano, capta y responde a las exigencias de un equipo como Osasuna, privándole así de la cuarta parte de sus efectivos

Actualizada Martes, 18 de marzo de 2008 - 04:00 h.
  • J.M. ESPARZA

E L empate de Valladolid, cuarto partido consecutivo sin una derrota, alienta las posibilidades de salvación de Osasuna. No tanto por los guarismos de la tabla clasificatoria como por los conceptos que desarrolla el equipo, el primero de todos -¡cómo no!- su instinto de superviviencia en medio de una temporada que acumula más problemas de los esperados.

De los trece jugadores de campo con que Osasuna jugó en el Nuevo Zorrilla, sólamente cuatro militaron en el equipo la temporada pasada, lo que equivale a decir que sumaron nueve los incorporados para esta campaña. Sin duda, se trata de un conjunto de nuevo cuño, que demostró haber aprendido los conceptos básicos del funcionamiento de este plantel. Es el recuerdo que deja Pucela, la conformación del equipo que avanza jornada a jornada, pese a las dificultades, que son muchas y algunas no se ven.

En Valladolid dio el equipo una imagen de solidez, de seriedad. No es casualidad que la labor de conjunto venga cimentada desde atrás, desde la defensa, en cuyo eje se sitúan los más veteranos del equipo, a los que apuntala Patxi Puñal en el centro del campo. A partir de ahí, van encajando poco a poco las distintas piezas nuevas, tal y como ocurrió en Pucela, donde el once se mostró especialmente compacto en las labores de contención, donde más ahogó al cuadro de Mendilibar.

El equipo, en cualquier caso, no está acabado de cuajar. Falta atar cabos para que llegue a la meta contraria con el mismo aplomo con que defiende la suya, pero todo se andará, sobre todo si el grupo de jugadores que han sabido ganarse la confianza del técnico acaban de interiorizar las necesidades del colectivo tal y como Plasil demostró en el José Zorrilla.

La evolución de Plasil refleja a la perfección como un jugador nuevo trabaja para adecuarse a las exigencias de su nuevo equipo. El checo deslumbró en su llegada con detalles de clase, y ahora los acompaña con trabajo a destajo, algo imprescindible en este equipo. Está claro que el media punta ha sabido ver la necesidad del trabajo oscuro, y actuado en consecuencia. El resto del conjunto se beneficia de ese labor fundamental para la cohesión del grupo, y para rentabilizar su esfuerzo.

No todos los jugadores, nuevos o ya veteranos, saben captar y responder a estas exigencias de un equipo como Osasuna. Hay más de media docena de nombres que no cuentan ni para completar una convocatoria, que han perdido toda su presencia, acotando peligrosamente el margen de acción del técnico. En una Primera División que ha puesto el listón de la permanencia más alto que nunca, porque ha subido el nivel por abajo, un club modesto no puede permitirse -ni tolerar- el lujo de no poder contar con la cuarta parte de su plantilla.

Son dificultades añadidas para rendir en la tabla clasificatoria. ¿Quién las imaginaba tan crudas en medio del optimismo del último verano? La renovación está costando más de lo esperado, tanto por el encaje de las nuevas piezas como por el funcionamiento de algunas antiguas.


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