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El yacimiento arqueológico de la villa romana de Arellano, abierto al público

Posteriormente se convirtió en un centro religioso de culto a Cibeles y Attis

Actualizada Martes, 18 de marzo de 2008 - 21:38 h.
  • AGENCIAS. Pamplona

El presidente del Gobierno de Navarra, Miguel Sanz, y el consejero de Cultura, Juan Ramón Corpas, han visitado esta tarde el yacimiento arqueológico de la villa romana de Arellano, que mañana abrirá sus puertas al público para dar a conocer la historia de este lugar.

El citado yacimiento contó, entre los siglos I y III después de Cristo, con un sistema para la elaboración de vino y se convirtió en un centro religioso de culto a Cibeles y Attis.

La existencia de esta villa era conocida desde finales del siglo XIX gracias a las numerosas referencias que había en un mosaico que fue encontrado en los últimos días de 1882, mientras que la excavación sistemática comenzó en 1988 y a partir de ese año se llevaron a cabo 13 campañas de excavación, que han permitido reconstruir el devenir histórico de esta instalación rural.

En la actualidad se puede considerar que quedan al descubierto la mayor parte de las ruinas del edificio central del establecimiento. Este conjunto, que es la zona cubierta por el edificio de nueva construcción, ocupa una superficie de 2.411 metros cuadrados construidos, mientras que la zona de ladera sobre la que se desarrolla la edificación antigua desciende desde la cota 424 a 419 metros sobre el nivel del mar.

Aunque no ha sido excavada en su totalidad, se estima que la villa ocupa una superficie mínima de 11.000 metros cuadrados, y se asienta sobre un terreno acondicionado mediante la construcción de dos terrazas.

La villa romana de Arellano está conformada por una serie de construcciones que en los primeros tiempos del Imperio se destinaban eminentemente a la producción agropecuaria. Con el transcurso de los siglos, siguiendo una corriente generalizada en el mundo romano, acabó convertida en lujosa residencia de campo de una familia de la aristocracia local.

Las excavaciones arqueológicas han permitido diferenciar construcciones que corresponden a los dos grandes momentos de vida en la villa.

Así, por un lado, estructuras de los siglos I-III d.C., constituidas por una serie de dependencias vinculadas a la producción del vino, y por otro, estructuras de los siglos IV-V d.C., que ocupan parcialmente el espacio de las edificaciones anteriores.

En esta época la elaboración del vino cesa y la actividad principal de la villa es de tipo religioso, vinculada a los cultos a Attis y Cibeles, religión mistérica de tipo oriental.


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