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LA CONTRACRÓNICA

Se cierra el piano, se acaba la música

Entre el ruido de las sillas, se oyen un par de sensatas voces que claman: "¡Tenían que perder los dos!".

Actualizada Lunes, 17 de marzo de 2008 - 04:00 h.
  • TOÑO SANZ | DEPORTES@DIARIODENAVARRA.ES

U NA mierda pinchada en un palo. Perdonen la grosería, pero es que ya son demasiados partidos repitiendo el mismo antipartido; demasiados pitidos finales en los que, entre el ruido de las sillas que remueven los sufrientes telespectadores, se oyen un par de sensatas voces que claman: "¡tenían que perder los dos!".

A ver para cuándo una reforma del reglamento que permita condenar a galeras a veintidós y pico futbolicidas que, las más de las veces, se van a la cama tras haber saqueado un punto sin haber cometido más mérito que haber asqueado a los espectadores más allá del punto en que lo vomitorio da paso a la hernia de hiato. Punto de saqueo o punto de asqueo, no se sabe muy bien qué contribución aporta un resultado que permite permanecer en una categoría para repetir, una y mil veces más, el mismo infame partido y el mismo insulso resultado. Punto es punto y el que quiera ver fútbol que se compre cintas de súper ocho.

Lo mejor de ver el fútbol en un bar es que hay dos pantallas y, en la segunda, suelen poner el correspondiente partido estelar de pelota. Bendito sea Titín que ayer puso el cuarto y mitad de pundonor, agresividad, técnica, oficio y entrega; cosas todas ellas de las que en Valladolid tuvieron noticia cuando andaban catalogando vocablos en los primigenios diccionarios y de las que perdieron noción unos siglos más tarde, justo cuando todo empezó a llenarse de millones y televisiones de pago.

En la radio del coche, al finalizar el partido, el difunto Camarón cantaba, por tangos, a la Virgen de los Remedios, todo un guiño radiofónico desde el más allá para los pocos que buscamos consuelo entre Flamencos y pelícanos, en Radio 3, cada vez que salimos del bar con los ojos y los oídos llenos de patadones palante, patrás y padondecoñoquieraquesea. Pero ni siquiera Camarón ni sus tangos ni su Virgen de los Remedios pueden suturar las heridas hondas que deja el aburrimiento.

Entre bostezo y bostezo, se pudo ver a Osasuna defendiendo la puerta como gato panzarriba, desperdiciando dos balones contra el larguero y aplaudiendo, al final, a la grada que acogía a unos centenares de aficionados rojillos que se fueron a probar las aguas del Pisuerga y comprobaron que no eran amargas, pero tampoco dulces. Dejémoslo, simplemente, en insulsas. Al fin y al cabo, tampoco la vida suele rebasar el listón de lo anodino. Nada que censurar, pues, por tirar un domingo a la basura. Y fin. Se cierra el piano, se acaba la música.


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