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OSASUNA | EL PARTIDO POR LA TV

De los goles a los postes

El capitán y Ricardo son los únicos rojillos que quedan de aquel partido, pero el meta defendía entonces al Valladolid

Actualizada Lunes, 17 de marzo de 2008 - 04:00 h.
  • MARÍA VALLEJO . PAMPLONA

Más madera, es la guerra, dirían los Hermanos Marx en el Oeste. Y los rojillos en el estadio de la pulmonía, otro tanto. Dos postes, dos, impidieron a Osasuna arrancar un tesoro mayor de Zorrilla. Curiosamente, se estrellaron contra el palo los dos hombres que marcaron al Almería hace una semana, Cruchaga y Sola, el defensa y el delantero, el veterano y el joven, el maestro y el aprendiz.

Cuando todos los ojos estaban puestos en Llorente y Sola, dos rápidos pistolerosacostumbrados a desenfundar cuando los partidos todavía están naciendo, voló de nuevo Cruchaga, como hizo ante el Almería y también en Zorrilla hace ocho años. Pero entonces marcó su primer gol en Primera, y ayer se quedó en un larguero traicionero.

¿Y a quién marcó el capitán el gol en aquella temporada? Nada más y nada menos que a Ricardo, que defendía los colores albivioletas. Cruchaga y el portero madrileño son los únicos rojillos que, ocho años después, siguen al pie del cañón. En los de Pucela, repetía sólo García Calvo.

Kike Sola tenía 14 años cuando los sus hoy compañeros empataban aquel partido. Ahora, convertido en un talento que no deja de sorprender, comparte con ellos vestuario y con el defensa además compartió madera.

El cascantino sufrió una primera parte criminalpara los hombres más ofensivos de Osasuna, ya que la pelea se desarrollaba a kilómetros de ellos, pero cuando le tocó bailar, ahí estaba de nuevo, fiel a su cita como todos los domingos. Esta vez no hubo gol tempranero, ni siquiera hubo gol. El dichoso larguero también se cruzó en su camino.

La madera es esa frontera de apenas unos centímetros que impide al balón ser gol. En un partido en el que Osasuna supo sufrir un montón, partirse la cara y arañar un punto a toda costa, pudo sin embargo venirse a Pamplona con los tres tranquilamente. La madera lo impidió. Y ahora sigue la guerra, que dirían los Hermanos Marx.


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