Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página Hemeroteca Edición impresa
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete

La Hemeroteca
    Navarra
JESÚS JIMÉNEZ REINALDO POETA

"La verdad es el alma de la poesía"

"He aprendido a superar aquella tristeza inicial de mis primeros poemas. Ahora mi obra es mucho más relajada y tranquila "

Actualizada Lunes, 17 de marzo de 2008 - 04:00 h.
  • M.A.E. . MADRID

Por Boston, con un radiador de aceite y un bocadillo de mortadela tiene todo el aire de ser el título de un cómic disparatado o de uno de esos acertijos que se cuentan los scouts para vencer el miedo en las noches de las acampadas. Pues no. Es el título del V premio internacional de poesía Jaime Gil de Biedma de este año y contiene una hermosa historia sobre la confianza, la tolerancia y la aceptación de lo diverso.

La escribió el poeta tudelano Jesús Jiménez Reinaldo (1963), que vive y trabaja en Madrid como profesor de instituto.

No es ni mucho menos su primer galardón. Ha recibido medio centenar de esos premios de poesía que serpentean el calendario cultural convocados por las comunidades españolas, por los colegios mayores universitarios, por fundaciones empresariales. También cuenta en su haber con cuentos premiados, como el premio Navarra de Tudela, el de relato corto Miguel Hernández de Madrid o el del Ateneo Cultural 1º de Mayo, también de Madrid.

Ha publicado un desgarrado poemario existencial, La mística del fracaso (Devenir, 2002) y ha sido compilador de la antología Poesía española actual para la editorial mexicana Desierto. Tiene entrada en el Diccionario Espasa de Literatura Española (edición 2003). Publica habitualmente trabajos periodísticos en distintas publicaciones y es miembro del consejo de redacción de la revista de letras y artes Luces y sombras de Tafalla que estos mismos días se ha presentado en Madrid, amén de múltiples colaboraciones en actividades didácticas, traducciones, conferencias, recitales de poesía, tertulias literarias...

Rivas Vaciamadrid, barrio rojo

Jiménez Reinaldo vive y trabaja en un peculiar espacio madrileño, Rivas Vaciamadrid, el llamado "barrio rojo" porque su ayuntamiento está en manos de Izquierda Unida. Situado a 15 kilómetros de la Puerta del Sol, carretera de Valencia adelante, allá donde la memoria histórica recupera la Batalla del Jarama y donde hace años se alzaba el inmenso vertedero de la capital (de ahí el Vaciamadrid), sellado desde hace 25 años, cuenta en su territorio una marca navarra: la cementera Portland que se siluetea en el horizonte de uno de los costados del barrio.

Reinaldo enseña en el barrio más joven de Europa. Aquí viven, en viviendas de uno, dos pisos, chalets adosados o viviendas unifamiliares con jardín y piscina, jóvenes matrimonios de profesionales de clase media, una población en crecimiento que suma hoy 70.000 habitantes pero que en el 2012 duplicarán su cifra. Rivas cuenta con 5 institutos y 13 escuelas, varios centros culturales y deportivos y pistas para recorrer en bicicleta el barrio de punta a punta.

"Yo trabajo en uno de estos cinco institutos y cualquiera de nuestros alumnos tiene un poder adquisitivo bastante superior al de sus profesores. Son chavales listos, de familias estructuradas en general, chicos formados en casa cuyo único problema es que pasan demasiado tiempo solos dadas las jornadas de trabajo de sus padres".

¿Profesor o poeta?

Tengo el alma dividida. Mi vocación docente es igualmente apasionada que la de poeta. Enseñar es algo emocionante y yo disfruto dando clase. Cuando empecé a estudiar Literatura lo primero que escuche a un profesor fue: "nunca podrán ustedes trabajar de esto", pero ahí seguí yo impertérrito en una formación que a mis padres y a mí nos exigió grandes sacrificio porque no teníamos medios suficientes para afrontarla. Estudié en Zaragoza porque la universidad pública no existía todavía y la del Opus era muy cara para nosotros, así que conseguí una beca para la Universidad de Zaragoza y me las arreglé como pude.

Escasez y esfuerzo

Cuéntelo. Nuestros estudiantes del bienestar deben saber cómo se las arreglan quienes carecen de recursos...

Lo más difícil no era el mirar la peseta para comer o para alojarte, porque te apañabas con la comida que traías de casa y compartiendo piso con otros como tú. Lo peor era la escasez de libros. Durante varios cursos no pude comprar los textos académicos, así que los sacaba de la biblioteca, cogía apuntes y los devolvía. Afrontaba los exámenes con esos apuntes. En tercer curso acerté una quiniela de catorce y aunque no gané mucho, me permitió el gran lujo de comprarme libros y manejar bibliografía. Así que el deber, el trabajo y el esfuerzo fueron unos compañeros de viaje que nos fortalecieron. Creo que yo soy el primero de la familia que terminó una carrera universitaria y mis padres siempre me apoyaron. Por eso, cuando voy a recoger algún premio, siempre digo que yo soy el hijo de un trabajador que en este momento está recogiendo un premio. Yo suelo contar todos esto a mis alumnos que tienen de todo y ni lo pueden entender...

¿Y de dónde le llegó la vena poética?

En mi familia todos fueron agricultores desde siempre, aunque mi padre ya se desenganchó y trabajó en la papelera cuando empezó el boom industrial de los años sesenta. Nunca me permitió trabajar en el campo. "Fuera, fuera, haz otra cosa: clases particulares, lo que sea menos esto", me insistía. En mi casa tanto mi padre como mi madre nos enseñaron a amar la lectura. Mi madre era una gran lectora y desde muy chico yo pedía libros para mis cumpleaños. La lectura era la manera que yo tenía de conocer el mundo que estaba más allá de Tudela. Otra cosa que también influyó lo suyo en mi formación fue que mi padre, siempre que subía de la papelera, traía libros y revistas y tebeos del papel que llegaba de fuera para reciclar. La papelera recibía cargamentos enteros y mi padre apartaba aquello que le parecía más conveniente para nosotros. Una vez leído, lo restituía a la papelera para su reciclaje. No veas la cantidad de tebeos y libros inimaginables que pasaron por mis manos... Yo creo que ese fue el origen de toda mi vocación literaria.

Su primer premio de poesía lo ganó en el Instituto de Tudela.

Nos ponían ejercicios de sonetos siguiendo la rima canónica y gané el premio, pero fue la poesía libre la que me arrastró. Es cierto que no me planteé ser escritor ni mucho menos poeta, pero sistemáticamente desde que tengo 16 y 17 años escribía poesía porque disfrutaba haciéndolo, me acompañaba, me ayudaba a descubrirme a mí mismo, me consolaba ante la dureza del mundo...

Este país ha sido muy injusto con todo lo diverso y su condición de homosexual habrá sido sin duda fuente de sufrimiento.

Más aún cuando tus orígenes están en el campo. Pero pronto intuí que lo única manera de superarlo era darlo a conocer, no ocultarlo, conseguir que se convirtiera en una cuestión de educación y de derechos reconocidos. Me costó, le costó mucho a mi familia, pero poco a poco he conseguido esa normalidad. En el instituto no ha sido ningún problema. Nunca he mentido ni tampoco alardeado.

Su poemario "La mística del fracaso" rezuma tristeza por todos sus costados.

Porque la vida es dura, por mi propia biografía, por los tiempos vividos y por los que corren, por la carga emotiva de lo que no podía contar o no debía contar... No confío demasiado en la humanidad, la humanidad tiene que trabajar mucho aún para que podamos confiar en ella. Pero he aprendido a superar aquella tristeza inicial y aquella carga emotiva de mis primeros poemas con humor, con distancia, con ternura, y he terminado aceptando que yo soy como soy. De todo ello habla mi poesía. Lo que ahora escribo ha superado ya aquel tono pesimista del principio. Es mucho más relajada y tranquila, sin faltar por ello a la verdad, porque la verdad es el alma de la poesía.


Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual

Continuar

Estimado lector,

Tu navegador tiene y eso afecta al correcto funcionamiento de la página web.

Por favor, para diariodenavarra.es

Si quieres navegar con muy poca publicidad y disfrutar de toda nuestra oferta informativa y contenidos exclusivos, tenemos lo que buscas:

SUSCRÍBETE a DN+

Gracias por tu atención.
El equipo de Diario de Navarra