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Fervor al límite en las tradicioines religiosas de Semana Santa

Feligreses católicos de todo el mundo viven con pasión esta fiesta religiosa, incluso de la manera más extrema

Actualizada Lunes, 17 de marzo de 2008 - 17:44 h.
  • AGENCIAS. Madrid

El mundo católico celebra durante estas fechas el rito de la pasión y muerte de Jesucristo, su fiesta religiosa con mayor seguimiento. Rituales que datan de tiempos remotos, costumbres arraigadas y una explosión de sentimientos despiertan con mayor entusiasmo durante la Semana Santa, a pesar de las constantes críticas del sector menos creyente.

Cada pueblo, cada ciudad, cada barrio vive esta fiesta religiosa de una manera diferente: con pasión, recogimiento, con devoción o incluso con dolor. Los pasos, cirios, nazarenos y todo tipo de cristos y vírgenes reviven, y este año más temprano que nunca, los días de Semana Santa.

La pasión y el fervor con el que miles de feligreses de cualquier parte del mundo conmemoran estos días se han envuelto en una esfera de polémica y tradición. Sobre todo en aquellas localidades en donde la Semana Santa se tiñe de la sangre de las penitencias dolorosas de sus seguidores.

Desde el sufrimiento de los que castigan su cuerpo flagelándolo hasta las representaciones o procesiones declaradas de Interés Turístico Internacional. Son muchas las maneras de conmemorar esta fiesta religiosa que, sobre todo, en España, Latinoamérica y Filipinas, el único país católico del continente asiático, se celebra con mayor intensidad.

El castigo de los "picaos"

Con las caras tapadas, envueltos en una tupida túnica blanca, más de cien disciplinantes de la Cofradía de la Santa Vera Cruz de San Vicente de la Sonsierra cumplen cada año con su cita en las procesiones de este pueblo de La Rioja. Su devoción no es común, aunque se remonte al año 1551. Miles de turistas observan cómo los llamados "picaos" azotan con cuerdas sus espaldas hasta hacer correr la sangre por ellas. Es una de las tradiciones más arraigadas en España y una de los rituales más sobrecogedores de la Semana Santa.

Muchos lo han calificado de "espectáculo innecesario", sin embargo Lourdes Crespo, miembro de la Cofradía, asegura "no haber supuesto ningún problema para el pueblo", sino todo lo contrario. "La Semana Santa es de interés turístico y nadie reniega de esta tradición. Sería como quitar los San Fermines en Pamplona", advierte Crespo que, como mujer, su papel en la procesión se relega al "paseo con cadenas", vestida de "virgen María". Como la mayoría de las penitencias, los seguidores más fervientes de la Semana Santa se lanzan a esta "aventura religiosa" para el cumplimiento de promesas o en respuesta a un favor recibido.

Si rituales como el de los "picaos" no son ya demasiado habituales, el trabajo de los costaleros protagoniza los desfiles procesionales y los pasos que salen a la calle a partir del Domingo de Ramos. Después de varios meses de preparación, un duro entrenamiento, un chequeo médico y mucha devoción, los costaleros ya están preparados para cargar a sus espaldas los más de 2.000 kilos que pesan los tronos.

Niños de entre 5 y 15 años también preparan sus cuerpos y mentes para ser capaces de llevar a cuestas a los santos de sus pueblos. Son los casos de las escuelas de costaleros que, como en la Hermandad Servita de Nuestra Señora de los Dolores en Sevilla, preparan desde pequeños a niños que sólo piensan en incorporarse a algunas de las hermandades, y así, poder portar los tronos durante Semana Santa.

Crucifixión en vivo

Los más fanáticos admiradores de Cristo creen que la forma de sentirse más cerca de él es a través del sufrimiento. Al menos así lo piensan en Filipinas, en donde las salves rocieras cambian su tono por el de los gritos de dolor de sus seguidores. Decenas de miles de personas asisten cada año a su cita en la localidad asiática de San Pedro de Cutud en donde se representa la Pasión de Cristo. Pero lejos de una fría actuación, la fiesta religiosa se convierte en una de las representaciones más polémicas del mundo.

Las intensas aglomeraciones y la sangre de las flagelaciones culminan en el episodio más dramático de este ritual, que se celebra desde hace 51 años. En el Gólgota, un montículo a pleno sol, el actor que encarna la figura de Jesús experimenta en su propia carne la crucifixión de Cristo. Después de cargar con pesadas cruces y portar la conocida corona de espinas, los gritos de la crucifixión invaden el lugar del martirio, mientras que miles de espectadores, de todas las edades, contemplan la escena.

No tan valientes son los mexicanos ni los ecuatorianos que, pese a gastarse una fortuna en la celebración de la Semana Santa, la muerte de Cristo se representa en los más sorprendentes escenarios naturales pero tras la figura de algunos de los actores más famosos del país.

Semana Santa pagana

Algunas localidades prefieren popularizar su Semana Santa por la originalidad de sus profesiones, más que por la total entrega de sus feligreses. Así lo creen en el municipio murciano de Lorca, en donde sus pasos y tronos son totalmente diferentes a cualquier otro territorio de España y del mundo. La figura de sus vírgenes, que compiten en belleza y devoción, conviven con los tronos de personajes de las culturas precristianas.

Por la Semana Santa lorquiana se pasean junto a la Virgen de Dolores y la de la Amargura, el mismísimo Julio César, Nerón o Cleopatra que, subidos en espectaculares carrozas, se levantan como un alarde politeísta del municipio murciano. Entre éstos, caballos procedentes de las mejores fincas andaluzas y gallegas, y un equipo de atrevidos acróbatas aportan un toque especial a las procesiones lorquianas.

Diferentes formas de celebrar una fiesta que, a pesar de ser exclusivamente religiosa, mueve a millones de turistas de todas las partes del mundo. La espectacularidad de las procesiones o el fanatismo de sus seguidores atrae a los más curiosos que, creyentes o no, ven en la Semana Santa un buen momento para acercarse al fervor cristiano, aunque sea de la forma más extrema.


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