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El día a día en el nuevo Irak

A partir de mañana publicaremos en estas páginas una serie de reportajes de la corresponsal Mercedes Gallego, que ha vuelto a Irak cinco años después de haber estado allí informando sobre el inicio de la guerra

Actualizada Sábado, 15 de marzo de 2008 - 02:33 h.
  • COLPISA/DIARIO DE NAVARRA. PAMPLONA

9de marzo de 2003. Mercedes Gallego, corresponsal de este periódico en Nueva York, firma su primera crónica desde Kuwait. El país pérsico es un hervidero en el que periodistas de todo el mundo se preparan para narrar la segunda guerra del Golfo. La redactora de Colpisa-Diario de Navarra, sin embargo, ocupa una posición privilegiada para detallar la invasión de Irak.

Integrada en la Primera División de los marines estadounidenses, Gallego seguirá en primera línea de combate los avances de las tropas norteamericanas hacia Bagdad. Cinco años después, la corresponsal neoyorquina vuelve al antiguo reino de Sadam Husein para examinar las cicatrices de la guerra en una serie de reportajes que arranca mañana en las páginas de este diario.

El quinto aniversario de la invasión estadounidense, que oficialmente se cumple el próximo jueves, pone de relieve que la guerra ahora no se libra en el campo de batalla. Mercedes Gallego ha podido comprobar durante su visita que los iraquíes luchan cada día por salir adelante en un país devastado en el que la luz y el agua son bienes de incalculable valor. Guiada por Sami Rasouli, el hospitalario fundador de una ONG empeñada en cerrar las heridas de la sociedad iraquí, la cronista de Colpisa-Diario de Navarra se ha sumergido en la vida diaria de Bagdad y Nayaf, la ciudad santa en la que estuvieron destinadas las tropas españolas.

La enviada especial se vio obligada a utilizar prendas islámicas para evitar que fuera identificada como extranjera. Rozando la clandestinidad, Gallego ha viajado por el país vestida con un hiyab -un velo ajustado al rostro- y un manto llamado abaya que le cubría de pies a cabeza.

Hace cinco años, su atuendo era el uniforme militar y descubrió en primera persona el horror de la guerra, en la que llegó a perder a su amigo y colega Julio Anguita Parrado.


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