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CRÍTICA DE CINE MIGUEL URABAYEN | 10.000

Fantasía prehistórica

Actualizada Miércoles, 12 de marzo de 2008 - 04:00 h.

A L añadir a la cifra las iniciales BC, es decir, "Before Christ" (antes de Cristo), el título original indica la época de la acción de forma más precisa que el número solo puesto en España. Así pues, estamos en la Prehistoria, justo cuando la Humanidad o una parte de ella estaba cambiando de la vida basada en la caza a la sostenida por la agricultura. Los protagonistas son una tribu, los Yagahl, que se alimentan de mamuts a los que matan con mucho riesgo físico para los cazadores.

Según va contando la voz de un narrador (la de Omar Sharif en la versión original), la película muestra el comienzo de una leyenda sobre un héroe y una joven de ojos azules, algo muy raro entre los Yagahl, de piel clara y ojos obscuros. Él es hijo de un hombre que, por motivos generosos, se fue de la tribu explicando su marcha a solo una persona a la que pidió no decir nada a nadie. Al desconocer la explicación sus compañeros le consideraron un traidor y el joven D"Leh ha crecido con el recuerdo de su padre sobre sus espaldas. De la joven Evolet solo se sabe que la encontraron siendo niña junto al cadáver de su madre, en un territorio alejado de la tribu.

La persecución

Los Yagahl tienen su campamento en una tierra dura e inhóspita, entre montañas nevadas, y la única razón para residir allí parece ser la presencia de los mamuts. Un día son atacados por un grupo muy poderoso al utilizar caballos -demonios de cuatro patas para la tribu- que les permite vencerles y tomar prisioneros para convertirlos en esclavos. Evolet es una de las victimas de la incursión y esto hará que D"Leh siga sus huellas y trate de rescatarla ayudado por dos compañeros y un adolescente.

La persecución y los distintos grupos humanos que los cuatro Yagahl van encontrando hasta llegar a un gran río constituye la acción principal de la historia que cuenta o comenta la voz del narrador. Ese largo viaje les hace pasar por entornos muy diferentes. De las montañas a una jungla espesa y peligrosa, después un desierto, finalmente el río y una civilización que construye grandes pirámides, semejantes a las egipcias. El transito de uno a otro es demasiado brusco, sobre todo cuando entran repentinamente en la selva, situada según vemos en el mismo borde de la zona montañosa.

Y en esa selva habitan unas grandes aves -parecen pollos gigantescos- que atacan a los humanos con sus picos. Fantasía, por supuesto, ya que los realizadores se han inspirado en fósiles de épocas mucho más antiguas. Otro error es el empleo de caballos que no se domesticaron hasta cuatro o cinco mil años después de la cifra del título. Pero estos son errores inferiores a los de otras películas de acción prehistórica. Por ejemplo Hace un millón de años (1940) en la que aparecía la coexistencia de hombres y dinosaurios a pesar de que en el registro fósil están separados por más de 60 millones de años.

El director y coguionista Roland Emmerich ha declarado que la película no quiere tener un valor documental. Según dice, él ha buscado hacer una obra de aventuras en ambientes poco utilizados, tan espectacular como algunas otras de sus realizaciones en Hollywood, como Stargate (1994), Independence Day (1996) o su más reciente El día de mañana (2004).

El fallo

No hay nada que oponer a esa intención, con tal de que el resultado sea una obra entretenida e interesante. Y aquí es donde 10.000 falla. El argumento básico resulta demasiado sencillo y los efectos digitales no pueden sustituir a una buena historia. Todo el conjunto recuerda a un comic y el final es tramposo por la fácil simplicidad con que los dos guionistas resuelven el drama contemplado en las escenas anteriores.

La película tiene aspectos bien realizados y es de justicia indicarlos. El primero es la utilización de exteriores de lugares muy distintos, entre ellos montañas de Nueva Zelanda y desiertos de Sudáfrica y Namibia. El segundo haber compuesto el reparto con nombres escasamente conocidos, incluidos los de la pareja protagonista, Steven Strait y Camilla Belle. Emmerich dijo que de esta forma era posible verlos más adaptados a sus papeles de lo que ocurriría con actores y actrices populares. Y tiene razón como puede comprobarse si se recuerda a Victor Mature, entonces un galán famoso, luchando con los dinosaurios de Hace un millón de años. O a Raquel Welch, deslumbrante en un bikini de pieles, como la joven prehistórica de la segunda versión del mismo título realizada en 1966.

El tercer aspecto favorable, o atenuante, es el relativo a los efectos especiales que además de un tigre con colmillos de sable, permiten presentar no a algunos mamuts sino a docenas de ellos. Emmerich exagera tanto en el número como en la utilización de las grandes bestias. Verlas arrastrando bloques de piedra en la construcción de las pirámides produce un efecto raro. No sólo porque no sabemos cómo los pseudo egipcios han conseguido domesticarlos sino porque están en un desierto de arena bajo un sol implacable. Los mamuts no hubieran podido vivir en ese cálido ambiente como indica su gruesa piel lanuda.

EN RESUMEN: La espectacularidad de los efectos especiales y los variados escenarios no logran compensar la sencillez del argumento y el tono infantil de muchos momentos de la acción.


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