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MÚSICA FERNANDO PÉREZ OLLO

Cenicienta, con ratas

Actualizada Martes, 11 de marzo de 2008 - 04:00 h.

L A puesta en escena pretendía, según dijeron, recuperar el sentido mágico que tiene la Cenicienta en el texto original del cuento, muy descargado en la ópera por el libretista, Jacopo Ferretti, y por Rossini. No parece fácil recuperar el cuento de Charles Perrault sin dañar el sentido de la ópera. Sin duda, el montaje de esta Cerenentola es un éxito, por su brillantez, luminosidad y sencillez.

Pero acaso la clave verdadera sea que ofrece el cuento como tal, como un cuento de Prerrault, lleno de colores brillantes, de vestuario luminoso, un mundo féerique, de personajes complejamente esquemáticos -dicho sea con la venia de formalistas y estructuralistas que tantas horas de lectura y elucubraciones nos han robado- y de música maravillosa. Con evidente lección moral, sin hada (fée), ni calabaza maravillosas, pero cuento. Y el montaje se atiene a las indicaciones del libreto, que impone movimientos y situaciones, pero no precisa época ni país. En estos tiempos dados a excesos visuales, en perjuicio de la coherencia y detrimento de la música, habrá que valorar tanto respeto esencial. La versión se abre , pues, en una "antica sala terrena nel Castello del Barone", pero a partir de ahí prescinde de detalles y subraya el sentido imaginario -por no decir infantil- de la acción esencial del cuento según Rossini.

El personaje clave es, claro está, Cerenentola, hijastra reducida a fregona que, transformada en la doncella real, despliega la coloratura del rondó final, "Nacqui all" affanno", que proclama su voluntad de llegar al trono, mejorar el mismo trono y vengarse mediante el perdón ("voglio/ Starvi maggior del trono/ E sarà mia vendetta il lor perdono"). Cerenentola pasa de la timidez entrecortada e incoherente en el duetto "Un soave non so che" a la madurez del "Ah, signor, s"è ver che in petto" bella melodía en el sexteto del segundo acto. Cenerentola, que no tiene nada que ver con el perfil de otras heroínas rossinianas, como la Rosina de "El Barbero de Sevilla", o la Isabella de "L"Italiana in Algeri", anticipa algunas figuras románticas.

Pizzolato cantó bien, con voz no potente, timbrada y bastante homogénea, redonda y neta en el registro grave, limpia y cómoda en las agilidades. Una plausible mezzo coloratura, como exige su papel, que ganó a medida que avanzaba la obra. Si tuvo alguna incertidumbre en el inicial "Una volta c"era un re", intervino con seguridad en los dos concertantes, el "Mi par d"essere sognando", que cierra el primer acto, y el espléndido y exigente sexteto del segundo, "Questo è un nodo avviluppato", pero sobre todo en la célebre aria final, ya citada, que interpretó con cálida y firme dulzura. La cantante no es una actriz de gran presencia y eficacia escénicas, y esa limitación a veces afecta también a la importancia de su trabajo vocal.

El tenor José Manuel Zapata hizo un príncipe correcto, cuya única aria, "Si, ritrovarla io giuro", no tuvo para él dificultad mayor, y en el dúo con Dandini, el famoso "Zitto, zitto: piano, piano... Sotto voce a mezzo tono", se impuso al barítono, lo cual no contradice la realidad trocada de los dos personajes, aunque pueda desdecir la apariencia de la trama. Conviene tener presente que se trata de una opera buffa.

Por eso son importantes Don Magnifico, padre de las tres mozas -Cenerentola y sus hermanastras, Clorinday Tisbe-, y Dandini, sirviente del príncipe y camuflado de tal. Robert Poulton, como Don Magnifico, bajo buffo, sirvió con dignidad su aria "Mi sognai fra il fosco e il chiaro" y acaso se le fue un poco el carácter en "Noi Don Magnifico...questo in maiuscole", pero no se excedió en la comicidad facilona. Más bien, el dúo con Dandini, una página magistral y de referencia inevitable al hablar de esta ópera, resultó algo soso como teatro, aunque fuera uno de los números descollantes de la tarde desde el punto de vista musical, así como los concertantes. Porque Don Magnifico es un tontorrón irremediable, tan tontorrón que ni se entera de que Dandini le revela la verdad de su condición servil y no principesca, "Un segreto d"importanza". El barítono David Menéndez cumplió con solvencia.

La orquesta y el coro masculino merecieron de largo los aplausos, porque intervinieron en todo momento con seguridad y precisión. La orquesta, en especial, acreditó su calidad e historia de conjunto instrumental en el foso.

El montaje contó con seis ratas, modosas, educadas y omnipresentes, que plasmaban bien la ruina del palacio, pero luego resultaron colaboradoras y trasuntos de la protagonista. El toque certero de Els Comediants.


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