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MILLÁS Y EL MUNDO JUAN JOSÉ MILLÁS

Fecal Rinamita

Escribo con la esperanza de que al poner ferrín calamita sobre el papel s vaya de mi cabeza

Actualizada Lunes, 10 de marzo de 2008 - 04:00 h.
  • OPINION@DIARIODENAVARRA.ES

E STOS días ha aparecido en los periódicos un señor llamado Ferrín Calamita. Creo que es juez y que ha cometido en el ejercicio de su profesión alguna barbaridad (presunta) por la que está siendo investigado. No sé, no he seguido mucho el caso porque cuando leía su nombre en los titulares me quedaba rígido y era incapaz de continuar leyendo. Imagino que si uno sale a la realidad llamándose Ferrín Calamita lo único que puede hacer el resto de su vida es ejercer de Ferrín Calamita.

Hay nombres cuya sonoridad es tal que en lugar de poseerlos te poseen. En el futuro nadie sabrá quién fue este señor ni a qué se dedicó, pero si tú pronuncias su nombre, te dirán: "Me suena".

La conjunción de esos dos términos, ferrín calamita (en lo sucesivo con minúscula), con independencia de lo que signifiquen, e incluso aunque no significaran nada, constituye una acierto verbal de proporciones desusadas. Si al levantarte de la cama escuchas por la radio esa expresión, corres el peligro de que en tu cabeza se esté repitiendo el resto de la jornada, al modo de esas melodías pegadizas que se hacen fuertes en el encéfalo. Personalmente, llevo varios días con ferrín calamita en la cabeza. Ayer, mientras caminaba por el parque, iba pronunciando interiormente esas seis sílabas: ferrín calamita, ferrín calamita, ferrín calamita. Al regresar pasé por una farmacia para comprar aspirinas, pero pedí sin darme cuenta una caja de ferrín calamita. Y en la panadería, en vez de una barra de pan integral, intenté adquirir una barra de ferrín calamita. Empieza a ser una tortura. Temo que jamás me desprenderé de este nombre, o lo que sea. Sería posible incluso que en el lecho de muerte, cuando mis hijos acerquen sus oídos a mis labios, por si se me ocurriera algo trascendental, me salga un ferrín calamita que los deje perplejos.

-Papá ha dicho ferrín calamita antes de expirar.

-Y eso qué quiere decir.

-No tenemos ni idea.

Quizá creyeran que mi deseo es que figurara tal expresión tallada en mi lápida. Aquí yace Juan José Millás etcétera y debajo: ferrín calamita. Los visitantes del cementerio se quedarían atónitos, preguntándose qué rayos habría querido decir. Algunos, buscando un significado secreto, intercambiarían quizá las sílabas de las dos palabras. Los resultados serían desastrosos para mi posteridad, pues la primera posibilidad que aparece no es otra que fecal rinamita. No es que suene mal, pero tiene problemas semánticos de los que carece la expresión original.

Si he decirles la verdad, estoy escribiendo este artículo con la esperanza de que al poner ferrín calamita sobre el papel se vaya de mi cabeza. Tal es una de las funciones de la escritura: ahuyentar los fantasmas interiores, colocarlos fuera, traspasárselos al lector. Con un poco de suerte, tras su publicación, deje de torturarme, aunque comience a torturar a los usuarios del periódico. Tal vez a partir de mañana media España vaya canturreando por la calle ferrín calamita como el que reza el Rosario o repite una letanía, un mantra, un encadenamiento de sonidos sin significado. Ferrín calamita, ferrín calamita, ferrín calamita.

En Internet se pueden encontrar las listas de los apellidos más raros del mundo. Pero la medida de lo raro suele tener que ver con el significado. Así, aparecen los nombres de un tal Sandalio Botín Descalzo o de un tal Perfecto Ladrón Honrado, incluso de una tal Ana Mier de Cilla. A la gente le gustan estas conjunciones involuntarias de sentido que sin embargo olvidamos pronto, tras una sonrisa condescendiente. Lo que de verdad posee fuerza es el sinsentido, de ahí el éxito, por ejemplo, de supercalifragilísticoespialidoso, que, sin querer decir nada, se repite cada día en multitud de países por miles de niños y de adultos. Un hallazgo. El absurdo nos vuelve locos porque en él vemos la auténtica metáfora de la existencia. Que alguien se llame Eva Fina Segura está bien para un minuto, pero al minuto siguiente necesitas algo de mayor consistencia. Y ahí está ferrín calamita para satisfacernos.

Si alguien compusiera una canción cuyo estribillo estuviera compuesto por la repetición de estas dos palabras mágicas, triunfaría en Eurovisión sin género de dudas. Por eso, no hay derecho a que nadie se llame así. La expresión ferrín calamita debería ser declarada Patrimonio de la Humanidad para que la pueda usar cualquiera y donde quiera, sin pagar derechos de autor. Voto por ello.


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