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FRANCISCO FARRERAS PINTOR

"No acepto que el arte se base en una teoría premeditada"

El artista barcelonés Francisco Farreras, que continúa en activo a sus 80 años, expone en la galería Fermín Echauri una selección de veinte obras con relieves en madera. En ellas coexisten sus dos últimas etapas creativas

Actualizada Sábado, 8 de marzo de 2008 - 04:00 h.
  • NEREA ALEJOS . PAMPLONA

Lleva más de cincuenta años de carrera profesional, lo que le ha convertido en enemigo de los críticos, de las teorías y de los títulos. Su obra ha pasado por diferentes etapas y en esta exposición -la quinta que realiza en Pamplona-se aprecia cómo el ensalzamiento del volumen convive con las superficies planas y la búsqueda de la simplicidad.

¿Cómo descubrió el valor artístico de una materia prima tan prosaica como la madera?

Antes trabajaba con papel y llegó el momento en que los relieves me parecían bultos fingidos. Entonces creé los coudrages -relieves con tela-, pero eran muy frágiles, cogían mucho polvo y resultaban difíciles de limpiar. Eso fue lo que me llevó a buscar un material más resistente.

En esta exposición coexisten dos etapas.

Sí, mis últimas obras ya no son tan volumétricas. Ha habido una gran influencia del arte japonés. Al tratar de eliminar el volumen, he llegado a una síntesis cada vez más sencilla.

¿Qué trata de reflejar?

En mi caso, no hay ninguna filosofía. Cada vez que ha habido un cambio en mi obra, no ha sido por un deseo premeditado.

¿Considera que ahora su obra es más plena, o simplemente se trata de una etapa más?

Nadie sabe a dónde quiere llegar. El arte es muy difícil de explicar y yo no soy nada teórico. Por voluntad propia, no quiero que la teoría me influya. Siempre me he dejado llevar por la intuición.

Pero muchos teóricos habrán catalogado de su obra de alguna manera.

Los críticos siempre tratan de etiquetar las cosas. En mi caso siempre ha habido una especie de tónica, muchas veces me han llamado el pintor del silencio.

Curiosamente, en otra crítica decían que contemplar sus cuadros era como escuchar una melodía de Mozart.

Los críticos dicen unas tonterías...

Por otro lado, muchos artistas contemporáneos se escudan en una teoría para justificar su obra.

Yo no acepto que la teoría sea el motor de la obra. Hubo una época en que me dio por poner títulos a mis obras y me costaba más buscar el título que hacer el cuadro. Muchas veces cogía el diccionario o un libro de Historia para buscar títulos que me sonaran bien. Recuerdo que se me ocurrió llamarle Lepanto a un cuadro que luego se lo quiso comprar una americana. Ella trataba de ver batallas, cañonazos, soldados... Y entonces decidí que se habían acabado los títulos, porque sugestionan mucho.

¿Y aquella mujer acabó comprando el cuadro?

Sí, pero le dije que se olvidara de Lepanto. Tampoco me gusta firmar mis cuadros por delante, me parece como si fuera una mariposa que se ha posado allí. Firmo detrás.

Hace diez años que usted no expone en Arco.

Arco es una feria de galerías y yo llevo muchos años sin estar en una galería, porque llega un momento en que esa dependencia ya no es tan imprescindible. Hoy ninguna galería hace contratos, sino que la obra se entrega en depósito y eso tiene sus inconvenientes. Si la obra permanece demasiado tiempo sin venderse, acaba quemándose porque el público ya la conoce demasiado.

¿El mundo del arte se ha convertido en un circo?

Sí, desde el momento en que el arte se empezó a vender y entonces se convirtió en un filón. Hay una especie de papas y papisas que manejan el cotarro y deciden qué hay que promocionar. Cualquier cosa que haga cualquiera puede ser aceptada siempre que haya alguien que diga que eso es arte. Hay tanta oferta...Ahora, en los cursos de Bellas Artes estudian 200 o 300 personas, cuando en mi época se componían de 15 o 17 alumnos. Ahora se montan galerías como quien monta una boutique.

En la última edición de Arco se comentaba que la crisis económica no había repercutido en las ventas.

En este Arco eso se ha dicho con la boca pequeña. Así como el año anterior fue espectacular, esta vez ha sido más discretito.

¿El mérito de un artista es encontrar su propio lenguaje?

Es su obligación. ¿Cómo se consigue? Es un misterio. Estamos en desventaja respecto a los escritores. Si quisiera explicar qué es lo que hago, no me dedicaría a la pintura, sino a la literatura. Buscar una explicación a un cuadro es como preguntarse qué quiere decir una puesta de sol.


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