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A PUNTA SECA FERNANDO PÉREZ OLLO

El ejemplo de una bella voz, mal cuidada

Actualizada Jueves, 6 de marzo de 2008 - 04:00 h.

G IUSEPPE Di Stefano, último superviviente de una generación inigualada en el planeta de la ópera, muerto el lunes cerca de Milán, vino al mundo en Motta Santa Anastasia, Catania, Sicilia, el 24 de junio de 1921.

Di Stefano ha quedado como el compañero ideal de María Callas (Nueva York, 1923 - París 1977), pero a diferencia de la soprano, mito universal más que soberana intérprete de referencia, él no pasó de figura estelar pronto declinante.

El joven Di Stefano comenzó estudios de canto en Milán, con Luigi Montesano, pero movilizado y prófugo del régimen fascista, fue a dar a un campo de refugiados suizo y comenzó a actuar en la radio de Lausana. Antes, según Rodolfo Celletti (Voce di tenore, Idealibri, 1989), había trabajado como tenor ligero en Milán.

Debutó en el Comunale de Reggio Emilia como Des Grieux de "Manon Lescaut" de Puccini. Fue el 20 de abril de 1946. El mismo año, y con el mismo papel, se presentó en el Liceu barcelonés. El año siguiente cantó en la Ópera de Roma y en 1948, en la Scala milanesa. El bienio siguiente le reportó clamorosos éxitos en el Metropolitan de Nueva York.

Aun así debemos considerar que su carrera triunfal arranca en 1951. Se consagra en la Scala y en septiembre, en el Teatro Municipal de Sao Paulo, vive el encuentro decisivo de su vida: hace con María Callas Traviata y comienzan un admirable currículum conjunto. Son la pareja más reclamada por directores de teatros y público. Pero el amor y la admiración rendida por la soprano greconorteamericana -él hablaba de María, sin más- no le impedía reacciones muy latinas, como cuando la prensa analizó la Traviata que ambos hicieron en la Scala (1955) y apenas le tuvo en cuenta. Di Stefano canceló las siguientes actuaciones.

En esa fecha la voz del tenor siciliano ya no era la que le encumbró. Di Stefano arruinó su instrumento vocal por la ambición de cantarlo todo, de encarnar todos los grandes roles y de vivir a caño suelto. En ese sentido, es acaso el mejor ejemplo -en toda la historia del género- de una carrera malograda por la errónea elección de repertorio o, en otras palabras, el caso más adecuado para demostrar que ninguna voz puede afrontar todo. Para el recuerdo quedan sus versiones, testimonio de una voz -describe el citado Celletti- privilegiada por naturaleza, no potente, pero rica en armónicos, de timbre claro, excepcionales esmalte, pastosidad y calor íntimo, muy importante de extensión -hasta el do sostenido4-, con admirable capacidad de filado y de mezzavoce,incluso en el agudo. Y además, la claridad y línea de dicción típica de los cantantes sicilianos.

Dieciséis títulos

Di Stefano y Callas fueron la baza comercial de EMI/La Voz de su Amo, frente a Renata Tebaldfi, Mario del Monaco y Carlo Bergonzi, ases de Decca. Di Stefano y Callas grabaron diez óperas completas para EMI: Lucia di Lammermoor, I puritani, Cavalleria rusticana y Tosca (1953); Pagliacci(1954); Rigoletto (1955), Il trovatore, La bohèmey Un ballo in maschera(1956); Manon Lescaut (1957). El sello lanzó otras seis óperas con él, sin Callas. Cabe añadir algunas grabaciones piratas, hoy comercializadas.

Técnica y frases

En rigor, Di Stefano había estudiado muy poco canto y prefería la espontaneidad natural de la voz al trabajo. Ejerció como cabeza del jurado en el Concurso Julián Gayarre en 1986 y 1988, salvo en la final, presidida por Carreras. El primer día, al terminar de comer, sacó sus "toscanos" y encendió uno. Le pregunté si fumaba cuando actuaba, cosa por otra parte bien conocida.

- Siempre he hecho lo contrario de los tenores, que cantan con mucha técnica y fuman sin técnica. Yo he fumado con mucha técnica y cantado siempre sin ella.

Aquellos fueron días que recuerdo cuajados de frases, veredictos confirmados por el tiempo, salidas insospoechadas y opiniones no siempre bien acogidas.

-En el mundo sobran los cantantes con mucha técnica que no provocan ninguna emoción.

Gayarre -que también fumaba, al menos en verano- creía lo mismo: "Hay muchos tenores que agradan al oído, pero pocos que calienten el corazón".

Siempre he lamentado que no coincidiera en el jurado de 1990 con Inge Borkh, la gran straussiana, para ver si reaccionaba como ella ante un contratenor.

Él decía que lo último que haría sería morirse. Lo cumplió el lunes, dulcemente, según su esposa, la cantante Monika Curth.


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