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MILLÁS Y EL MUNDO JUAN JOSÉ MILLÁS

La condena de ser uno mismo

Mi problema precisamente consiste en que no puedo dejar de ser yo

Actualizada Lunes, 3 de marzo de 2008 - 04:00 h.

A lo largo de estos días se ha discutido mucho acerca de las dificultades de ser uno mismo. De ahí que los asesores de los políticos hayan insistido tanto a sus pupilos que procuren ser como son en los debates. Da la impresión, escuchándolos, de que resulta más fácil ser otro que uno. Se lo comenté a un vecino con el que coincido en el bar por las mañanas:.

A lo largo de estos días se ha discutido mucho acerca de las dificultades de ser uno mismo. De ahí que los asesores de los políticos hayan insistido tanto a sus pupilos que procuren ser como son en los debates. Da la impresión, escuchándolos, de que resulta más fácil ser otro que uno. Se lo comenté a un vecino con el que coincido en el bar por las mañanas:

-¿A ti te cuesta ser tú mismo?

-Mucho -me respondió-. Soy yo mismo nada más despertarme, pero luego, a medida que pasan las horas, me voy convirtiendo en otro, u otros.

-¿En quién o quiénes?

-Depende del día y de la hora. Ayer, después de tomarme cuatro cafés, porque había dormido mal, me convertí en Sarkozy hasta las cuatro de la tarde. Todo el trabajo me parecía poco. Hice lo mío y lo de un compañero que lleva un mes de baja. Y fui grosero con la señora de la limpieza, a la que dije que era una pobre desgraciada porque se negó a darme un beso.

-¿Y después de la cuatro de la tarde?

-Me dio un bajón y me convertí en mi cuñado, que es un tipo muy depresivo, muy pesimista, ve las cosas muy negras.

-¿Y no volviste a ser tú en todo el día?

-Hacia las diez de la noche, después de los telediarios, noté que volvía a ser yo. Pero no me sirvió de mucho porque justo a esa hora mi mujer dejó de ser ella y se convirtió en su madre. Últimamente es raro que coincidamos en un punto en el que ella sea ella y yo sea yo. No es que no seamos nosotros mismos nunca, sino que lo somos a deshoras. Pero lo peor es lo del niño.

-¿Qué le pasa al niño?

-Que sólo consigue ser él los sábados por la noche, cuando está con los amigos. Nada más entrar en casa se convierte en otro, u otros. Yo hace meses que no hablo con él. No sé cómo le va ni qué piensa, no sé nada, porque siempre hablo con otro.

-¿Comprendes entonces el trabajo que cuesta a los políticos ser ellos mismos?

-Me hago cargo, sí. Seguramente hay muchos políticos que ganan las elecciones siendo otros. Y no lo hacen por mala voluntad, sino porque no pueden evitarlo, como el que tiene la manía de meterse el dedo en la nariz.

Dejé a mi vecino, que mientras hablábamos había dejado de ser él, pues se empeñó en pagar el café, y fui dando un paseo hasta la oficina, reflexionando sobre esta dificultad de la gente para ser ella misma. La verdad es que no era capaz de comprenderlo. Mi problema precisamente consiste en que no puedo dejar de ser yo. Si me gustara a mí mismo, sería estupendo, pero como me detesto resulta horrible. ¿Imaginan ustedes lo que significa vivir 24 horas al día con alguien con quien no tienes nada que ver? Tal es mi situación, la de alguien que sin tener nada que ver con lo que es no puede ser otra cosa. Qué desesperación. Daría todo lo que tengo por ser, siquiera a ratos, otro: ese señor que atraviesa la calle con un perro al que le falta una pierna, por ejemplo, o esa viuda que lleva el luto hasta en la cesta de la compra. O, si no fuera pedir mucho, me gustaría ser Javier Bardem tres o cuatro días. Ser Javier Bardem ahora mismo tienen que resultar muy estimulante, aunque quizá algo agotador para mi edad.

Por la tarde le pregunté a mi psicoanalista si ella era ella todo el tiempo, pues quería saber a quién pagaba las consultas. Me contestó, como es habitual, que qué pensaba yo. No es lo que yo piense, le dije, es lo que dice la realidad y la realidad dice que a la gente le cuesta mucho ser ella misma, fíjese en los políticos, a quienes sus asesores tienen que recordar todo el tiempo que no se olviden de ser los que son. Mi psicoanalista se quedó callada y en eso noté que era ella, porque normalmente habla poco y nunca contesta a mis preguntas. Siempre dice que las conteste yo. Pero mis respuestas carecen de interés. Son siempre las mismas porque yo soy yo todo el rato. Quizá si lograra ser el señor del perro al que le falta una pierna, encontrara respuestas nuevas a las preguntas antiguas. Total, que salí de la consulta sin haber aclarado nada y al llegar a casa y encender la tele me topé de nuevo con la campaña electoral. Un experto hablaba una vez más de la dificultad de los políticos para ser quienes eran, especialmente en los debates. Debatí con mi mujer, a ver si había suerte y nos convertíamos en otros, pero nos fuimos a la cama siendo los que éramos. Qué condena.


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