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ARTE

El discreto encanto de los "bobos"

Pedro Mansilla afirma que "hay montones de burgueses que dicen basta a ganar dinero"

Actualizada Domingo, 2 de marzo de 2008 - 04:00 h.
  • CARLOS MÍNGUEZ . EFE. MADRID

T RABAJAN para vivir, a diferencia de los yuppies de los 80, y aunque ganan mucho dinero huyen de la ostentación, sin renunciar eso sí a un lujo discreto y refinado. Son los burgueses bohemios, bobos que, sin un pelo de tontos, son lo último en tribus urbanas.

BoBos y bobas -el término viene del inglés "bourgeois bohemians"- que han estudiado en buenos colegios y en mejores universidades, profesionales de éxito que a primera vista podrían parecer pijos de toda la vida, aunque con matices.

Son hombres y mujeres de entre 30 y 40 años, solteros, divorciados en muchos casos, o que viven una relación amorosa sin compartir el mismo techo. Urbanitas cultos y viajados que están al día de lo último en tecnología, que gustan del buen comer y el buen beber y que sólo en situaciones muy formales o especiales van a trabajar con traje y corbata.

El burgués bohemio es "un refinado intelectual del consumo, un científico del pequeño placer, un complejo experto de lo simple", ha dicho de ellos el periodista estadounidense David Brooks, el primero en acuñar ese término y el primero en estudiar un fenómeno que surge a finales del siglo pasado en Estados Unidos, y que cruzó el Atlántico al poco tiempo.

Para el sociólogo, escritor y periodista Pedro Mansilla no son "incompatibles" los términos burgués y bohemio. "Se puede ser perfectamente las dos cosas. Hay montones de burgueses -dijo- que presumen de bajarse del tren en marcha. Que dicen basta al hecho de ganar dinero y que deciden pisar el freno, aunque sin renunciar a él".

Desde el punto de vista estético, a los bobos, según Mansilla, gran conocedor y teórico de la moda, "no les importa salirse del estrecho camino del burgués, y coquetear con un cierto dandismo o esnobismo. Sienten una cierta querencia a lo diferente".

Profesionales peculiares

La periodista y escritora Silvia Grijalba, que habla de esta tribu urbana en su libro Alivio rápido, editado en 2005, cree sin embargo que son "claramente de izquierdas, afines al ecologismo, la medicina alternativa y la ayuda social". Pero piensa que son un fenómeno "más bien en decadencia".

"Podría decirse -comentó Grijalba- que parece que trabajan para vivir, o eso quieren aparentar, pero en muchos casos son tan adictos al trabajo como los yuppies, aunque lo intenten disimular".

Son un tipo "peculiar" de profesionales que, en un momento dado, deciden tomarse dos meses de vacaciones para recorrer en moto Estados Unidos de este a oeste, o para colaborar con una ONG en un país africano o de Latinoamérica, advierte Julio Moreno, especialista en selección y búsqueda de altos ejecutivos.

"Son profesionales brillantes con una cultura de empresa poco tradicional, independientes, acostumbrados a cambiar de trabajo con cierta frecuencia -cada dos o tres años-, que saben escuchar a sus subordinados pero que, a veces, no transmiten claridad a sus colaboradores", destaca Moreno.

De ahí que, a pesar de su genialidad y creatividad, "tengan un difícil encaje en compañías con una cultura empresarial conservadora. Aunque -advierte- muchas están habilitando ya mecanismos (año sabático) para que unos y otros se sientan cómodos".

"Sí, soy "bobo""

"Sí, soy bobo". Así de rotundo, aunque no sin cierta sorna, se presenta Thierry Guihard, un parisino de 36 años que lleva ya dos en Madrid como director de márketing de una empresa. "Me veo reflejado en esa definición", insiste. Tierry Guihard nunca se pone corbata para ir a trabajar -"está totalmente pasado de moda", dice-, mantiene una relación "muy cercana" con sus subordinados, le gusta el lujo "que no se nota", viaja bastante, casi siempre a lugares exóticos y lejanos, nunca en grupos organizados, y se mueve por Madrid en bicicleta, "aunque resulta bastante peligroso".

Este bobo de libro frecuenta restaurantes de moda, sin desdeñar un buen vino y una tapa en un bar de barrio, está muy familiarizado con las nuevas tecnologías, si bien abomina de las tan populares consolas, sigue muy de cerca la política y lee todos los días la prensa.

Como a muchos burgueses bohemios le gusta la naturaleza, "aunque sin pasarse", y vivir en el centro de la ciudad. Él, concretamente, en un ático rehabilitado del madrileño barrio de Chueca, donde transcurren muchas horas de su ocio semanal.

La cocina, concebida como espacio de convivencia y en la que pasa mucho tiempo, tiene un protagonismo especial. En las pasadas Navidades a Thierry le han regalado un curso de cocina, una de las nuevas aficiones de los "bobos".

Tomás Alía ha decorado las casas de muchos burgueses bohemios, casas, dice, siempre "contemporáneas, relajadas, con menos pretensiones" que las de los antiguos yuppies. En ellas se mezcla lo antiguo con lo contemporáneo, el diseño de los 60 y 70 con muebles heredados.

"Priman el confort, las texturas, las formas orgánicas, la iluminación, siempre muy cuidada. La cocina, dotada con lo más avanzado, y el cuarto de baño, concebido para el placer, son estancias con peso y personalidad", comenta este prestigioso decorador.

Javier Fernández de Angulo, director de la edición española de la revista GQ, dirigida a hombres que "disfrutan del lado más lúdico de la vida" -y los bohemios burgueses saben muy bien como hacerlo-, se atreve a poner nombre y apellidos a "bobos" españoles. Los cantantes Alejandro Sanz y Antonio Carmona, ex Ketama, y la actriz Aitana Sánchez Gijón son, en su opinión, tres ejemplos. Silvia Grijalba, aunque con un "quizás", apunta el nombre de Manu Chao. Todos ellos son "bobos" conocidos, pero anónimos hay muchos más.


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