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ANA MARÍA USUARIA DEL PROGRAMA DE MEDICOS DEL MUNDO

"Sólo quiero lograr papeles y trabajo para poder comenzar una nueva vida lejos de la prostitución"

Actualizada Sábado, 1 de marzo de 2008 - 03:59 h.
  • MARÍA JESÚS CASTILLEJO. . PAMPLONA

Ana Mª -no es su verdadero nombre-, brasileña de 33 años y soltera, aporta su testimonio "para que a otras mujeres no les pase" lo que a ella y para mostrar su alegría ahora que, por fin, ha encontrado personas que la tratan bien y "con respeto".

En Brasil la vida no es fácil, aunque se tienda a asociarlo sólo con los carnavales de Río. Millones de personas viven en la pobreza y exclusión. En esos entornos malvivía Ana Mª, hasta que una amiga le habló de viajar a Portugal en busca de algo al menos un poco mejor. "Yo sabía a lo que venía, que por lo menos al principio sería prostitución", admite.

Pero no imaginaba en qué condiciones. Para empezar, cuenta, la red que les pagó el pasaje de avión dijo allí que costaba 850 euros. Una vez en Oporto, Portugal, se convirtieron en una deuda de 3.500 euros. Para "pagarla", la metieron en un piso con otras chicas y allí vivió los veinte días más terribles y largos de su vida.

Explotadas y sin comer

"Nos vigilaban todo el tiempo tres hombres, teníamos que trabajar en el piso y en un club, no nos daban comida, no había agua caliente ni calefacción, no podíamos salir...". Desesperada, logró abrir una persiana sellada de algún modo que pudo burlar y escapar por la ventana. Por suerte era un primer piso. "Tiré la maleta a la calle y con un sábana me descolgué".

Tenía pasaporte, pero nada de dinero. Pidió ayuda a un cliente-amigo, quien le puso en contacto con un camionero que la llevó hasta Barcelona. El viaje fue bien, pero la dejó "tirada en la carretera" antes de llegar a la ciudad. Y ella no hablaba ni palabra de castellano. Tras un rato, un coche paró. Era un lituano. "Sin hablar ni una palabra", ya que no tenían ningún idioma en común, la llevó a la Ciudad Condal. Ana Mª se dirigió a la única dirección que tenía y que le había dado una amiga, la de un club de alterne. "¿Qué otra cosa podía hacer? No tenía papeles, ni dinero, no sabía dónde ir...". Y desconocía también que podía haber pedido ayuda a alguna ONG...

Pese a todo, se armó de valor y puso una denuncia contra la red portuguesa, aunque no le sirvió de nada. Estuvo un tiempo por varias comunidades pero sin poder cambiar de vida. Y es que parte del dinero se lo quedan los clubes, de donde apenas salen, por alojamiento y comida, tienen que comprarse ellas ropa y zapatos... ¿Cómo ahorrar o buscar trabajo...?

Un día conoció a un hombre, dueño de un bar. Dejó la prostitución -dos años-, se hicieron pareja y trabajó de camarera en su bar. Pero no quería pagarle por su trabajo y empezó a maltratarla psicológicamente. Otra vez a huir y sin nada. Hace dos meses llegó a Navarra. Ningún trabajo a la vista y otra vez a un club. A las dos semanas, aparecieron por allí las educadoras de Médicos del Mundo.

"Fue maravilloso, sentirse cuidada y tratada con respeto, como persona", afirma, emocionada. Ahora ya ve un poco de luz. "Espero tener un día papeles y trabajo y comenzar una nueva vida".


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